Luis Mariscal

"En un primer momento pensé que perdería la pierna"

  • El torero de Mairena del Aljarafe pasó ayer a planta, tras una semana en la UCI

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El banderillero Luis Mariscal abandonó ayer la UCI de la clínica Sagrado Corazón de Sevilla y ya se encuentra en planta. Todavía aquejado por un proceso anémico, el torero volvía a sonreír junto a su familia, tras una semana en cuidados intensivos. Mariscal sufrió el percance más grave de la temporada. Una cornada que le machacó el muslo izquierdo, con rotura de las ventas femoral y safena, entre otras lesiones y numerosos destrozos musculares. Sucedió en la Maestranza, en la tradicional corrida del 15 de agosto. En sus primeras palabras delata su preocupación por su estado: "Estoy muy fastidiado, muy fastidiado. No quiero mentirle. No puedo mover la pierna".

-¿Cómo ha pasado estos días?

-Pues he tenido algunos ratos pasables. Pero lo cierto es que he vivido momentos malos.

-¿Cuál ha sido el peor momento?

-He tenido varios bajones. Me tenían que poner transfusiones y sabía que estaba débil. Pero los peores momentos fueron cuando le daba vueltas a la cabeza con lo que habían dicho los médicos, que no tengo bien el riego de la pierna.

-¿Pensó en que perdería la pierna o incluso su vida?

-La vida, no. Pero en un primer momento, cuando me cogió el toro, pensé en que perdería la pierna. Luego, según entraba en la enfermería me fui tranquilizando. Estoy muy sorprendido de lo que me han contado, de que la operación duró cinco horas y de todas las transfusiones que necesité.

-Usted iba a banderillear por el pitón derecho y decide cambiar de idea sobre la marcha ¿Por qué?

-El toro se encontraba muy aquerenciado en tablas. Lo cité por el derecho y y al arrancarse se paró. Entonces entré por el izquierdo. No creía que vendría con tanta fuerza, con la inercia de los chiqueros. Y el toro, que era muy astifino, me cogió una, dos veces... tres veces...

-¿Qué sintió cuando le metió el pitón?

-Tengo varias cornadas y en caliente nunca había vivido lo mismo. Lo de esta cornada ha sido muy distinto a las otras. Nunca había sentido un dolor tan inmenso como el de esta ocasión. Sentí como si me rajara hasta los huesos. Fue algo muy extraño.

-Dentro de lo malo, la fortuna le acompañó: se encontraba en la Maestranza...

-Sí. Además, me cogió justo enfrente de la enfermería. En un pueblo yo lo hubiera pasado muy mal, pero imagínese los médicos. Aquí, en Sevilla, me pusieron cinco bolsas de sangre. Si ocurre en un pueblo...

-¿Ha pensado en la reaparición?

-Me gustaría recuperarme lo antes posible, tener movilidad en la pierna y acompañar a mi hermano y a la cuadrilla en algún viaje, cuando toreen. Para la reaparición no tengo fecha. Desde luego, para 2010 es imposible porque en estos momentos no sé ni cuando podré andar.

-Por cierto, ¿cómo lleva el torear a las órdenes de su hermano?

-La verdad es que es algo difícil. Porque se sufre mucho teniendo a un hermano en el ruedo. Pero por encima de todo hay que ser profesional y no pensar en ello.

-Después de este drama, ¿qué hace que merezca la pena para seguir en la lucha del toreo?

-El toreo requiere de mucho sacrificio. A mí me merece la pena cualquier sacrificio por sentirme torero. Cuando yo me vi en la corrida del 15 de agosto en la Maestranza con un par de banderillas en la mano. Y esas palmas, ese cariño de la gente..., eso no tiene precio.

-Está recibiendo muchas muestras de apoyo.

-Sí. Acabo de ver por internet una página de apoyo, con varias fotos, en la que me dicen: "Te las enviamos 509 amigos". Se me han saltado las lágrimas.

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