Los problemas económicos acaban con el festival taurino de Higuera

  • Domingo Moya, el hombre que condujo las cuatro últimas ediciones, anuncia su decisión de dejarlo

El dinero ha podido al cariño. Es poco prosaica la idea, pero la más cruda realidad de los dineros se lleva por delante uno de los festivales con más enjundia y torería de todos los tiempos: el de Higuera de la Sierra. No solo eso, sino que además la cita serrana era algo más que una celebración estrictamente taurina. Era una llamada a la solidaridad con dos causas que siempre se nutrieron de el, como son la propia cabalgata de Reyes Magos y el asilo de ancianos.

Hoy, la normativa administrativa, el pago anticipado de la seguridad social (9.000 euros), seguros y veinte mil peregiles más previos al espectáculo pisan con más fuerza que toda esa raigambre de esfuerzo generoso que tantos y tantos nombres de la tauromaquia han dejado sobre el ruedo vestidos con traje corto y gorrilla.

Iba a ser este el quinto año desde que un hombre sencillo, gente del toro, al que no le importó que muchos le llamaran loco, le hiciera un quite de categoría a esa joyita que es la plaza de Higuera y tapara el vacío de ese primer amago de olvido que dos años sin festival habían comenzado a dejar, precisamente, el día que se le rendía homenaje al padre Girón, la última pata de ese trípode base de tantas y tantas ediciones que conformaron el propio sacerdote, Miguel Báez Espuny y Diego Puerta.

Domingo Moya soportó la primera corná seria en su debut como empresario, cuando tuvo que hacer frente a los dineros que le pidieron los toreros. Sin mirarse, volvió a levantarse para llevar cuatro más allá de sus historial a la cita serrana. Ahora, cuando la quinta estaba ya cerrada como un homenaje a los novilleros, ha tenido que decir basta porque ni hay más recursos personales ni institucionales para poder afrontar esas necesidades que se le exigen a un espectáculo taurino antes de abrir la taquilla.

Los apoyos han sido múltiples para que no abandone, pero la cuestión se hace gangrena en una plaza de pocas localidades, donde, a pesar de que los toreros donan sus honorarios, los ganaderos de postín se dan tortas por regalar sus toros y los profesionales de la sanidad o el transporte lo dejan al albur de la generosidad, los condicionamientos económicos son insoportables.

Ayer, un hombre, alguien con sensibilidad, un taurino, con lágrimas en su cara, comunicaba que el festival taurino de Higuera se acaba. "Es una decisión dura para mí, pero después de varias noches sin dormir, dándole vueltas a la cosa, la decisión no admite más demora, a pesar de todos los apoyos que me han llegado".

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