Luis Francisco Esplá

"El toreo no deja secuelas ni es germen de violencia"

  • El diestro alicantino, al que le restan tres festejos en América antes de su retirada definitiva, analiza la Fiesta, que defenderá en el Parlamento catalán en primavera

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Luis Francisco Esplá (Alicante, 1958), torero, licenciado en Bellas Artes, conferenciante, agnóstico... personaje de oratoria sumamente brillante e ideas innovadoras, que no se ajusta al estereotipo del matador de toros tradicional, será sin embargo uno de los paladines en el debate sobre la Fiesta que tendrá lugar la próxima primavera en el Parlamento catalán, tras prosperar en una primera votación una iniciativa popular abolicionista. Lo mismo lidia un victorino que se enfrenta a auditorios con centenares de profesionales (desde médicos rusos a ejecutivos norteamericanos), a quienes inculca los valores de entrega, lucha, valor, superación y convicción para el triunfo que ha demostrado en los ruedos, como artista- guerrero, desde que era prácticamente un niño. Ahora, se abrirá caminos en otros campos, tras los últimos coletazos vestido de luces en Cali (Colombia), Mérida (Venezuela) y, posiblemente, Aguascalientes (México). 

–¿A qué se dedicará?

–He tenido propuestas de todo tipo. Durante este año me dedicaré a valorarlas con serenidad.

–¿En concreto?

–De momento sólo puedo decirle que la mayoría se refieren al mundo de la comunicación, como radio y prensa. También me han hecho ofertas relacionadas con el mundo cultural. Lo que tengo claro es que durante esta temporada continuaré mi labor como conferenciante.

–¿Cómo ve un jubilado de oro los temas candentes de las jubilaciones, las pensiones, el paro y la crísis...

–Tendría que prevalecer como prioridad el paro para no crear más angustia en la sociedad. Además, hay que decir que las pensiones en España son las más bajas de Europa.

–¿De qué manera afectará la crisis al espectáculo taurino?

–Lo hará como en el resto de sectores. El año pasado ya se notó. Los ayuntamientos no pudieron organizar todo lo que querían. Cuando el bolsillo no está sano, el espectador tiene que tamizar los festejos a los que acudirá y se decantará por carteles redondos. Una crisis como la que vivimos puede servir de purga a la sociedad. No quiero decir que esto sea bueno, pero si hará reflexionar.

–En primavera intentará convencer a los reticentes a la Fiesta en el Parlamento catalán, ¿con qué argumentos?

–Será una exposición dirigida a que vean el sentido del espectáculo, que algunos lo interpretan como un espectáculo lejano y atormentado. Creen que el placer del aficionado está en el dolor del toro, cuando éste es un animal seleccionado, que se ha preparado para la lidia, en una contienda ofensiva y no defensiva. El toro adopta una actitud de lucha y arrogancia en el ruedo, lejos de la actitud de piedad de otros animales. Por otro lado, el espectáculo taurino no deja secuelas, ni deforma la sociabilidad. Existen pocos espectáculos con tanta tolerancia. Otros muchos, y no quiero dar nombres, son germen hasta de violencia, que se extiende más allá del espectáculo y llega hasta una violencia callejera extrema. 

–¿Qué otras ideas no comparte de los antitaurinos?

–La sensibilidad de los animales es algo subjetivo. No es lo mismo un animal con el que convives en el campo que en la ciudad. Tampoco es lo mismo la relación del ser humano con una oveja que con un perro. Los animalistas han desvirtuado todo esto. Han convertido al animal en un ser dotado de cualidades humanas, con sentimientos iguales a los de los seres humanos e incluso han postergado al ser humano al último lugar.

–Tras su adiós definitivo, se vestirá de luces en la Feria de Alicante para dar la alternativa a su hijo Alejandro...

–Se supone que será así, aunque desconozco los entresijos de su contratación. Le daré la alternativa y ya está. Hubiera preferido que no hubiese sido torero.

–¿Por qué?

–Por las inclemencias del negocio. Conozco los vicios del negocio y a los truhanes del negocio. Los toreros que alcanzan la cumbre son diez, por lo que triunfar en el toreo es un milagro. Y dejar a mi hijo expuesto a un milagro, y más cuando soy agnóstico, no tiene ninguna gracia.

–¿Qué legado ha podido dejar a los incipientes toreros?

–No me lo he planteado. Únicamente he estado con la pretensión de torear. Luego, defiendes cierto prestigio y luchas por la dignidad y la responsabilidad en tu profesión.Pero no tengo pretensiones en cuanto a la posteridad.

–¿Quiénes son ahora los mejores toreros?

–Mejores no hay. Cada cual tiene sus preferencias. A mí, los que más me gustan son aquellos que tienen valores de los que uno carece. Entre los que prefiero ahora hay un cuarteto: José Tomás, Morante, Perera y Castella.

–¿En manos de quién está ahora la Fiesta?

–De los mismos de siempre. Es algo endogámico. El problema es que las plazas salen a concurso y en los pliegos se valora mucho la experiencia. Así es difícil que entre gente joven, con ideas nuevas. En el negocio del toreo existe un desfase muy profundo. De hecho, la mayor modernización a la que hemos llegado ha sido la venta de localidades por Internet. En cuanto al espectáculo, en España, el público valora todo de manera encorsetada. Por ejemplo, se dividen en toristas y toreristas. En este sentido me gusta más la elasticidad del aficionado francés.

–¿Hacia dónde camina el toreo?

–Si adivinara el futuro sería Nostradamus. Yo creo que todo fluctúa. Lo que ahora hace José Tomás, hace diez años se pitaba. El toreo es cíclico. Ahora estamos en una etapa épica y luego vendrá de nuevo el toreo clásico.

–¿Y qué dibujo hace del país?

–Este trance que vivimos traerá como consecuencia un cambio importante a todos los niveles; no solamente económico. El consumismo nos ha devorado y hay que replantearse todo. Son muchos millones las personas que han tropezado. Creo que a partir de ahora se vivirá más el presente y cada cual dejará a un lado las pretensiones de vivir por encima de sus posibilidades.

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