Un toro de Albarreal

  • El escasísimo y deslucido juego de las reses dio al traste con la tarde · Salvador Cortés, que tuvo una actuación meritoria, brindó un toro a su hermano Luis Mariscal

GANADERÍA: Dos toros de los Hermanos Sanpedro y cuatro con el hierro de Vellosino. Corrida remendada con otras dos reses más de Albarreal. El primer Albarreal, dio lugar también al pañuelo verde por lesión. El primer Sanpedro, de comportamiento noble pero sin clase, no transmitió. Los de Vellosino, bien presentados y armados, no dieron opción alguna para el lucimiento. Destacó el tercero, un toro de Albarreal, de pelo negro y nombre Violín, cinqueño, alto, astifino, muy bien presentado sin otro defecto que el no humillar habida cuenta de su constitución. Toro, con todo, para figurar en el cuadro de honor de la feria por sus hechuras, bravura y clase. TOREROS: Rivera Ordóñez 'Paquirri', de obispo y oro. Dos pinchazos, una estocada con tendencia (silencio). Un pinchazo, una estocaba baja (silencio). Miguel Ángel Perera, de malva y oro. Un pinchazo hondo y atravesado, otro pinchazo más, una estocada corta desprendida, un aviso (silencio). Un pinchazo, media estocada enhebrada trasera, dos pinchazos más, dos descabellos, un aviso (silencio). Salvador Cortés, de azul marino y oro. Un pinchazo arriba, una estocada desprendida con tendencia, cuatro descabellos, un aviso (saludos). Una estocada corta (silencio). Incidencias: Tarde calurosa con levante. Casi tres cuartos de entrada.

La tarde en líneas generales se fue al traste por el escasísimo y deslucido juego de las reses que después de muchas idas y venidas en los corrales, se lidiaron. Cabe destacar tan sólo y con letras mayúsculas el juego del cinqueño -segundo sobrero- que se corrió en tercer lugar, 587 kilos de buena presencia, nobleza y bravura; toro ideal al que no le faltó humillar un poco más para ocupar el primer lugar entre las reses corridas en esta feria del 2010.

Salvador Cortés hizo la verónica con excelente trazo ante la embestida repetidora del burel. Empujó el toro en la primera vara y con un picotazo más se resolvió el primer tercio. El diestro sevillano brindó a su hermano Luis, gravísimamente herido en Sevilla, a través de la radio. El toro llegó a la muleta metiendo muy bien la cara, transmitiendo, con bravura de la mejor ley y Salvador Cortés, muy quieta la planta, hizo los muletazos en redondo con gusto y largura. Siguió muy firme el torero e interpretó frente al bravo toro tres series al natural. La faena discurrió entre ovaciones del respetable y Salvador la abrochó con gusto y torería. La espada, pese a que el primer pinchazo fue arriba, le privó de haber obtenido trofeo. Cerró el festejo uno de los toros de Vellosino que frente a la muleta manseó, echó la cara arriba, punteó el engaño y, como mucho, ofreció media arrancada. Toro muy deslucido y faena que lógicamente no llegó a buen puerto.

Abrió el festejo Paquirri, que, frente a un toro noblón del hierro sevillano de Sanpedro, lo intentó sobre la mano diestra sin conseguir el lucimiento. El toro, sin clase ni transmisión, encabezó la relación de reses infumables lidiadas en esta novena de abono. Rivera recibió al cuarto, bien presentado, con pitones, con una larga de rodillas para seguir luego por delantales. El toro tenía poca fuerza y en el primer tercio hizo sonar el estribo. En banderillas se defendió y a la muleta llegó con la cara arriba acusando su falta de casta. Intentos sobre la derecha. Cuando Francisco cogió la zurda, la embestida no había mejorado; antes al contrario, el toro huyó de los engaños y recorrió todo el perímetro de la plaza al hilo de las tablas dejando clara su condición de manso de solemnidad.

Miguel Ángel Perera padeció el que el primero de su lote no se empleara en el capote. El toro, muy bajo de casta, acusó mucho más ese defecto en el segundo tercio, en el que Joselito Gutiérrez clavó un par de mérito. Moscón se quedó corto y derrotó a la salida de los muletazos y en ocasiones, incierto, se defendió. Intentos de Perera sobre la derecha. La faena no terminó de cuajar aunque sobre la izquierda cobrara cierto interés. El quinto de la tarde, hecho cuesta arriba y cariavacado, manseó y correteó sin fijeza. A estas alturas, la lidia discurría lenta, sin apenas detalles de interés, salvo los ya reseñados. Toro de viaje corto, falto de transmisión y de casta e intentos frustrados de Miguel Ángel Perera frente a un manso de libro.

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