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Borrachera de felicidad

  • El Carpena presencia un nuevo triunfo de España, en la despedida de Navarro de Málaga

Sergio Rodríguez intenta avanza pese a la oposición de un jugador venezolano. Sergio Rodríguez intenta avanza pese a la oposición de un jugador venezolano.

Sergio Rodríguez intenta avanza pese a la oposición de un jugador venezolano. / fotos: marilú báez

Málaga quiere baloncesto y anoche se pegó un guateque de primerísimo nivel. La comunión entre la ciudad y la Selección Española es celestial. Poco importa el rival a la hora de vender todo el papel. Los aficionados disfrutaron de una pléyade de estrellas, unas a este lado del charco, otras en suelo americano. Cualquier excusa vale para paladear el dominio insultante de los hermanos Gasol, la magia del Chacho o Ricky o degustar el último sorbo de Juan Carlos Navarro sobre el parqué del Carpena. La grada fue una fiesta en un nuevo día de probaturas y ajustes para los chicos de Sergio Scariolo.

Venezuela exhibió otra cara y España lo agradeció. El examen fue tal 30 minutos y a estas alturas todos los minutos de buen nivel favorecen el progreso. El campeón sudamericano tiró de orgullo para no recibir otro correctivo de esa índole. El entrenador transalpino volvió a sacar la probeta y hacer todo tipo de experimentos. Como él mismo reconoció en la antesala de este último choque en territorio español, el plantel se encuentra aún repartiendo sus roles. El cruzado de Sergio Llull trastocó los planes iniciales y ahora toca construir en torno a otros puntales. No para dormirse, pero queda tiempo.

El equipo continúa ajustando roles y afianzando conceptos a pocos días del Europeo

Toca asentar conceptos que aún andan cogidos con alfileres para cuando se juegue sin red. Con Pau y Marc como faros, toca ir dando entrada en el ecosistema al resto. Cuantos más sean mejor. De ellos depende el salto que catapulta a este grupo. Aún viajan con pasaje de turista y hay materia prima para ir en primera clase. La pujanza de gregarios como Juancho, Oriola o Willy suma mucho. Abrines asomó al final con viento a favor, pero se le pide más consistencia. Con una lista de 12 que ya se presupone salvo contratiempo, es momento para que la mayoría se vaya subiendo al carro.

En líneas generales, las sensaciones siguen en línea ascendente. Atrás se volvió a dejar a Venezuela en números que invitan al optimismo y son un refuerzo para buscar un punto más. En la canasta contraria pocas, quizá ninguna, ante tantos quilates de talento. Es cuestión de conocerse e ir cogiendo automatismos que se conviertan en vías de escape para cuando toque sufrir. En un Eurobásket que pierde jugadores rutilantes casi cada semana, para desgracia de todos, la mayoría te puede amargar una noche.

Estos encuentros veraniegos al poco descuido se convierten en un correcalles. En un duelo de ver quién ve la red más, pocos aguantan en pie a los de Scariolo por pura lógica. No lo hicieron mal los de Néstor García, que impartirá sapiencia esta campaña al sur de Madrid en Fuenlabrada. Con John Cox como punta de lanza de un combinado corajudo y valiente, los sudamericanos no le perdían la pista al equipo nacional. Pau Gasol se hacía grande en la zona vinotinto y sumaba puntos casi sin despeinarse, pero el eléctrico base venezolano quería tutearle aunque fuese por un día. Se queda con haber mantenido a los suyos con vida a la media parte (42-36), que no es poco.

20 minutos duró el sueño. El paso por vestuarios hizo embragar a una Selección Española a la que su rival ya no le vio más la sombra. Todo el que entraba a la pista sumaba y el luminoso lo notó. Con el pescaovendío, hubo tiempo para levantar a la grada. Juancho taponaba, Marc Gasol anotaba triples en escorzo y Navarro se despedía entre vítores con la casaca nacional del Martín Carpena. La fiesta tuvo un epílogo a su altura con un pabellón borracho de felicidad.

Quedan dos pruebas más, en Bruselas y Vilnius, para acabar de engrasar la maquinaria. Luego esperará el plato fuerte. Ahí el límite es el cielo. Toca convivir con un desafío que dicta que lo conveniente es revalidar corona. Otra oportunidad para disfrutar de un grupo de jugadores irrepetibles.

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