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Embrujo intacto

  • El Unicaja aguanta el pulso del campeón y le remata en un último cuarto para el recuerdo

  • Gran partido colectivo, más constante que brillante, y ambiente incadescente en el Carpena

Nedovic deja una bandeja en el aro del Fenerbahce. Nedovic deja una bandeja en el aro del Fenerbahce.

Nedovic deja una bandeja en el aro del Fenerbahce. / fotos: javier albiñana

No hay un nombre propio para titular la victoria, que lleva el honores del Unicaja al completo, los 11 que jugaron y todos los que ayudan, dentro y fuera de la pista. 552 días volvió el club malagueño a la Euroliga. Y regresó como se fue, como un equipo que siempre compitió con dignidad con los mejores, que encadenó 11 años como uno de los 16 mejores de Europa, lo que es ahora. Hay júbilo, saltos y algarabía. Es una gran victoria ante el campeón de Europa, el Fenerbahce, que falló el último tiro para ganar el partido. Una fabulosa defensa de Alberto Díaz impidió un tiro cómodo al tremendo Sloukas, una pesadilla. Un triunfo cercano al ideal de Plaza, que optaría seguramente si pudiera por la versión del ajedrez comunista, todos peones. Nadie descolló sobremanera, nadie se salió de la foto. McCallum y Augustine, con poco protagonismo hasta el último cuarto, fueron esenciales en el sorpasso final. Porque el Fenerbahce había jugado con la prestancia y la solvencia del campeón. Pero la gota malaya cajista acabó agrietando la roca tuca.

Es un simbólico supercampeón de Europa por unas horas el Unicaja tras derrotar al vigente campeón y aumentar los decibelios del Carpena. El regreso a la Euroliga tuvo un guión extraordinario. Resistencia, fe, subir montañas, aguantar dentelladas de un equipo que, Plaza dixit, es una pequeña apisonadora que no tiene piedad. Ha perdido piezas de máximo nivel, pero conserva el esqueleto y se reforzó con inteligencia para contentar a Zeljko Obradovic, al que le gusta venir a Málaga y se le llena la boca elogiando. Por ello, el Carpena le recibió con bastantes aplausos.

Hay que dimensionar el triunfo. El Unicaja supo igualar el excelso nivel defensivo turco, la base de su título. Tiene mecanismos y físico para alejar al contrario a muchos metros del aro y no concederle una canasta fácil. El Unicaja se fue adaptando. No pudo correr, apenas anotó una transición con pase de McCallum a Nedovic en el primer cuarto hasta que en el último el partido enloqueció. Había estirado la cuerda el equipo turco varias veces hasta la peligrosa renta de los 10 puntos, pero siempre estaba ahí el Unicaja. En algunos momentos con la sensación de ir con la lengua fuera, pero siempre ahí. Es una lección que deberá aplicarse para competir cada semana. También cuando no haya la excitación colectiva del debut como la que existía ayer en el Carpena. No desfallecer y creer. Aplicación y un alto número de jugadores enchufados. Fueron pasando poco a poco . Shermadini, Musli, McCallum, Augustine, Milosavljevic, algún fogonazo de Nedovic... Y los dos jugadores que son el corazón de este equipo. Entre los dos sumaron cuatro puntos, pero sin ellos no hubiera ganado el Unicaja el partido. Son Alberto Díaz y Carlos Suárez. El pelirrojo es el líder in pectore, así lo evidencia su lenguaje corporal. Su última defensa fue providencial, pero antes había sostenido al equipo contagiando brío. Y Suárez contuvo al dañino Vesely, que ha incorporado un tiro de media distancia a su catálogo, en un marcaje que recordó en algún momento al que la practicó a Dubljevic en el último partido de la Eurocup.

Salió el Unicaja con 6-0 gracias a un triple de Waczynski y 2+1 de Shermadini, pero el Fenerbahce repelió con un parcial de 2-13. Uno de los detalles que más impacta en directo de un equipo top de Euroliga es el factor físico. Shermadini no parece tan alto, Nedovic tan explosivo o Brooks tan atlético. Cuando el equipo turco cogió el mando con Sloukas, qué base más completo. Al Unicaja le costaba anotar, pero sendos dos más uno de Shermadini y Milosavljevic más un triple de Salin le permitían llegar al primer cuarto con un empate (20-20).

Enfrente había un equipo gigantesco y el Unicaja pasó algún valle. Cinco minutos sin anotar ante un equipo así puede ser el billete de un partido. Sloukas y Guduric, uno de los fichajes para añadir profundidad a la plantilla, firmaron un parcial de 0-9 y el Fenerbahce dominaba por 10 (22-32), pero pese al mal día en el triple, el equipo malagueño se contuvo en el partido (36-41 al descanso) con grandes minutos de Musli, que recordó que es muy aprovechable. El pívot serbio encontró resquicios en la fortaleza turca, no abundan pivots son su facilidad anotadora. Un rebote, una continuación, un tiro abierto... Le bastarían 10 minutos en pista para firmar 14 de valoración.

El partido siguió a un nivel de exigencia altísimo tras el descanso. Plaza metió de salida a Alberto Díaz para añadir más candela defensiva. Y un triple en carrera de Milosavljevic comprimía el partido lo máximo (43-45). Obradovic pidió un tiempo muerto rápidamente para cambiar la tendencia del partido. Cambió la del arbitraje. Una técnica a Nedovic cuando protestaba una falta y atacaba el Unicaja para ponerse a tres o dos puntos tuvo el peaje de cuatro puntos de Datome (un tiro libre y un triple), que subía nueve puntos la renta rival en un parpadeo. Los errores y los detalles se pagan carísimos. Tuvo dos momentos para recortar distancias el Unicaja, un triple liberadísimo para Waczynski y un contraataque de Nedovic que Datome tapó de manera inverosímil. Pero el Unicaja, pese a perder alguna oportunidad más, seguía ahí al final del tercer cuarto (50-57).

Alguien, probablemente el propio McCallum, accionó un interruptor en la cabeza del base americano, huidizo y tímido hasta entonces, como devorado por sus propias expectativas. Metió seis puntos volando, atacando el aro y metiendo en suspensión, lo que apuntó en pretemporada y no se veía en competición oficial. Enganchó McCallum al partido al Unicaja. Y apareció Augustine, que hasta entonces tampoco había anotado. Seis puntos dio el americano mientras el Fenerbahce veía cómo desaparecían de un plumazo el aplomo y la seguridad. Hasta los grandes tienen dudas. El parcial había sido de 13-0 (del 47-57 al 60-57). El Fenerbahce sólo anotó tres puntos en 10 minutos en las garras de una defensa salvaje. Y el Unicaja parecía irse en el marcador (68-60) tras una última canasta de Milosavljevic, hábil para coger un rebote de ataque.

No iba a ser sencillo. El Unicaja encalló y sufrió. Metió un triple Datome, Sloukas danzó sobre la zona y el marcador se comprimió (68-67). Nedovic falló un triple para sentenciar y el Fenerbahce tuvo la última bola para ganar. Una gran defensa de Alberto Díaz impidió un tiro cómodo de Sloukas y la victoria se quedó en Málaga. Esto es el Carpena, que tiene intacto su embrujo europeo.

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