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Frustración y optimismo

  • El Unicaja pierde en El Pireo, pero exige hasta el último segundo al Olympiacos tras reponerse a un nefasto inicio

  • Se solapan la derrota y la ratificación de que se puede competir con cualquiera

El Unicaja acabó en El Pireo frustrado pero optimista. Caben las dos sensaciones en este estadio de la temporada tras una derrota (80-75). La Paz y la Amistad es una indisimulable prueba del algodón en la Euroliga, el Olympiacos desnuda a rivales como quizá ningún otro. Cuando el equipo malagueño perdía 19-4 mediado el primer cuarto parecía utópico pensar que se llegaría al último minuto con opciones.

Pero ahí estaba un ultracompetitivo Unicaja echando aliento en el cogote del equipo más fiable del continente, con opciones reales. A tiro en el marcador, con presiones a toda pista que complicaban a un equipo experto y con tablas. En un tiovivo de sensaciones, a McCallum se le mandaba de vuelta para Detroit en un ataque y al siguiente se le ponía un piso en La Malagueta. Metió 14 puntos el americano, 13 de ellos en el cuarto final. Puede desconcertar, pero hay que ponerle fichas porque la pinta, puede ser equivocada, es que con un conocimiento más exacto del medio puede ser determinante. Pero nunca debe pecar de miedo, de duda, como parece en algunos tramos de partido. Jugadores de sus cualidades escasean.

Queda la imagen y el deseo. El contexto de 15 puntos abajo en una pista que, aun sin ambiente hostil, es muy incómoda contrastó con el resto del partido. Con aciertos y altibajos, pero se llegó al nivel físico exigido por el Olympiacos. Y es lo que se le puede demandar al Unicaja. No es ponerse vendas, pero el equipo malagueño parte atrás en la parrilla de salida. Poco que reprochar a Plaza y sus jugadores. ¿Campos de mejora? Muchos. Si con un 56% en tiros libres y sólo cuatro triples anotados, cifra escasa en el baloncesto moderno, se llega a 75 puntos es que hay recursos variados para anotar. El acierto depende del día. Habrá encuentros de más acierto, no es ese un problema estructural si no se repite de manera continuada.

Y la idea de Plaza persiste, la imprevisibilidad para el rival de quien puede responder. Estuvo negado Nedovic, al que se le exige más en atmósferas hostiles y no sólo en escenarios amables. Tres canastas de alta escuela desperdigadas por el partido no responden a su rol en el equipo. Le avisaron en la primera jugada de lo que esperaba. Le mandaron en un bloqueo al suelo en una esquina. Como la calidad le rebosa, debe endurecerse, es la línea que debe atravesar.

Como Nedovic estuvo Shermadini, que recibió un obsequio antes de empezar por su pasado en El Pireo. Musli supera en rendimiento de sobra en estos primeros compases de la temporada en los que se le puede comparar. Fue el serbio quien vio luz en un segundo cuarto fabuloso, a un nivel que, por exigencia del rival, no se le había visto en su primer año en Málaga. No es un dechado de expresividad ni de dureza, pero igual el capote que le pone Plaza de primeras le motiva para que embista. En 16 minutos en pista fue el hombre más valorado del partido (19, con 12 puntos y siete rebotes). La pista habla y el técnico catalán será justo si Musli continúa en esta línea.

Eso en ataque. En defensa, Augustine conforma una santísima trinidad con Suárez y Alberto Díaz. El americano es determinante también ante equipos como el Olympiacos. Plaza bajó el quinteto en el cuarto final y con ellos encontró la manera de bajar de los 15 puntos (62-47) a los tres y posesión (71-68). El Unicaja enredó al Olympiacos. Otro detalle muy positivo es que el equipo no se desquició cuando se señaló una técnica a Plaza por protestar que hasta tres veces se señalara invasión del Unicaja en un tiro libre fallado por el Olympiacos. Ni tampoco, ya en el cuarto final, con unos ochos segundos para pasar de campo que no se pitaron y que endosó otra técnica. Tampoco con una rigurosa antideportiva, previo visionado de vídeo, a Milosavljevic. Se asume que en El Pireo no regalan piruletas. Y el Unicaja no se desconcentró, un detalle muy bueno.

Digamos que cuando el Unicaja comprendió el nivel de dureza e intensidad que se permite y se demanda en la Euroliga compitió de tú a tú. Ocurrió también contra el Fenerbahce. Pasa por que jugadores de la máxima calidad se mentalicen de que no vale dosificar. Por momentos se soñó con un remake de la final de la Eurocup, de 15 puntos de desventaja se bajó a tres y con un Unicaja lanzado. Con Suárez y Augustine basculando en defensas a todo campo o a media pista y poniendo en dificultades a un Olympiacos que luce capacidad atlética con Roberts, Thompson y McLean y que, en ausencia de Spanoulis, tiene al ex cajista Printezis como un auténtico capo. Augustine le limitó bastante, pero apareció en el último cuarto para dar oxígeno a su equipo.

En el último cuarto, McCallum metió 13 puntos y perdió tres balones. ¿Con qué quedarse? Por el instante de la temporada, con lo primero. Un grisáceo Nedovic perdió la última oportunidad real de partido, con 36 segundos y cuatro puntos abajo. Pisó la línea lateral en una arrancada. Dominó el rebote el Unicaja (28-34), le miró a los ojos al Olympiacos. No fue suficiente para ganar, pero sí para reafirmarse. Se puede competir con cualquiera.

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