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Incombustible

  • Alberto aún no se perdió ningún partido como profesional

  • Lleva en la élite algo más de cuatro cursos y 230 choques

  • Explica su receta

Alberto Díaz dialoga con Ángel Sánchez-Cañete. Alberto Díaz dialoga con Ángel Sánchez-Cañete.

Alberto Díaz dialoga con Ángel Sánchez-Cañete. / Javier Albiñana

Cuesta localizar en el deporte de élite un profesional que resista a la alta exigencia que reclama de forma diaria. La exposición bajo los focos se ciñe a una vez por semana o dos en los casos de más asiduidad, pero el trabajo en la sombra no entiende de relajación.

Una de esas raras avis es Alberto Díaz, que aún no se perdió un partido desde que abrazó el profesionalismo. El malagueño pegó el salto definitivo -antes había jugado seis partidos en la ACB, cuatro con Repesa y dos con Casimiro- en la 13/14 cuando en marzo abandonó el Clínicas Rincón por el Bilbao Básket, que le ofrecía cuerda en la Liga Endesa. Desde ahí hasta hoy 230 encuentros de forma ininterrumpida, una verdadera heroicidad.

Más de dos centenares de choques divididos entre los bilbaínos, el Fuenlabrada y el Unicaja, donde cumple su tercera temporada en la primera plantilla. Tiene el agravante de que en las tres últimas dobló competición, lo que exige un mayor desgaste. Especialmente en la presente. Un calendario que provoca que sin haber alcanzado las eliminatorias por el título en la ACB, el Unicaja ya haya jugado 64 partidos, la campaña más densa de siempre. Aguantan en pie Suárez y McCallum, al igual que Díaz.

Los que trabajan con él de forma rutinaria hablan de su alto grado de compromiso. "Respeta todos los protocolos", comentan. Destacan su vida saludable fuera de la pista, así como su constante prevención de lesiones. Se trata la mínima molestia, permitiendo que quede ahí. De igual forma resaltan lo profesional que es. Llega con bastante antelación a los entrenamientos para hacer un trabajo preventivo y se marcha bastante después, tiempo que a menudo aprovecha para depurar aspectos de técnica individual como el tiro. También suele acudir a trabajar en los días libres de forma voluntaria, lo que acaba siendo un plus. En esa amalgama juega su papel igualmente la fortuna, ya que el calendario de Euroliga no resulta factible para una recuperación rápida. Un nexo de circunstancias que hacen del pelirrojo un jugador con una puntualidad inusual.

Habla Alberto de la cocina de este fenómeno. "Es tener buena suerte, no tener golpes significativos que se arrastran. Pero también es fruto del trabajo y de la preparación que hacen los fisios y el preparador físico para no llegar mal", reconoce el base, que profundiza en la prevención: "Intento hacerlo antes de los entrenamientos. Es verdad que al final estoy rodeado de profesionales que se dedican a estar pendiente de mí y hace que todo sea más fácil. Como profesional no tuve ninguna lesión. En pretemporada alguna rotura de fibras con el Clínicas, pero nada grave".

El 9 pone en valor el trabajo fuera del parqué. "Lo extradeportivo creo que es fundamental. No solo la alimentación, también descansar bien. Quizá no dormir, pero sí estar tranquilo en casa, sin ajetreo. Todo influye", dice Alberto, que incluye esta mejora dentro de su rutina: "Pretendo mejorar y todo entra. Uno quiere mejorar físicamente, técnicamente, tácticamente... dedicar tiempo a tu cuerpo, me estoy notando bien y me viene bien para prevenir lesiones".

Este curso está siendo especial. "Es la primera temporada con un calendario tan duro. Uno se prepara en verano, pero hasta que no llega la competición no sabes el nivel de dureza. Al principio me costó bastante adaptarme, pero fui creciendo poco a poco y ya estoy adaptado a ese nivel", admite Díaz, un tipo incombustible.

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