El extásis vuelve al Carpena

  • La grada presenta gran aspecto en la vuelta a la Euroliga y estalla con el fallo de Sloukas al final

Varios aficionados celebran una de las acciones positivas del Unicaja en la noche de ayer. Varios aficionados celebran una de las acciones positivas del Unicaja en la noche de ayer.

Varios aficionados celebran una de las acciones positivas del Unicaja en la noche de ayer. / javier albiñana

Suele el destino guardar buenos presentes para el paciente. Para el que persevera cuando peor vienen dadas y no cambia de rumbo. Lo vivió la afición del Carpena en sus carnes, en una noche que será difícil de olvidar. Por la forma y por el fondo. Si se cuestiona a la mayoría de la grada antes de entrar casi ninguno hubiera dibujado un guión tan estimulante.

Hubo que esperar más de medio año para volver a viajar en primera clase, pero se esperaría otra vez por emociones así. Volver a escuchar el I feel devotion, que recibió algún sonido de viento, en los muros del Carpena fue la antesala de un choque para el recuerdo.

Respondió la grada como en las mejores ocasiones, porque en realidad la de ayer lo era. Lo más de 8.000 gargantas verdes le mostraron al campeón de Europa que tiene este pabellón un aura especial, que si vibra puede recortar las diferencias de talento. Y volvió a hacerlo.

Hubo un pique sano con una veintena de turcos que se hacían notar con intensidad detrás del banquillo visitante. No tuvieron tregua durante los 40 minutos, más bien un poco antes cuando decidieron pintar a su antojo el escenario de amarillo con numerosas pancartas.

Comenzó a coger temperatura la grada con algunas canastas más adicional de la primera parte. Si en la presentación hicieron hincapié con tipos como Nedovic o Brooks, guardaron también una plácida bienvenida para el estreno de Musli, que respondería en la pista a los aplausos de la grada.

Comenzó a carburar el Carpena cuando el Unicaja se echó encima del Fenerbahce. La defensa cajista encendió a unos aficionados que estaban voraces de ambientes de este calado. Daba gusto la vuelta, pero más si era pasando por encima del que en mayo se bañó en confeti ante su afición. Por eso cuando se percibió que los de Obradovic eran ganables, la grada se volcó.

Dio una vuelta de tuerca a la caldera McCallum, que se subió al tren en el último cuarto, y que empezó a notar lo que le toca vivir de aquí en adelante. Perdieron los nervios en alguna ocasión con las decisiones de los colegiados, pero no se tomaron descansos cuando eran uno más para tapiar la canasta propia.

Asistieron encogidos al dulce desenlace y brotó el éxtasis cuando Kostas Sloukas no pudo anotar en el último segundo. Había hambre de Euroliga y no pudo haber mejor regreso. Hincó rodilla el campeón de Europa y el Unicaja estrenó su casillero. Ahora queda el reto más complejo. Mostrar constancia en las 14 jornadas que restan porque hacer algo bonito estará en el Carpena. Un pabellón que demostró de nuevo que ahí solo importa el aquí y ahora.

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