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El primer ladrillo

  • El Unicaja recibe al Maccabi, que baila en la cornisa del 'play off'

  • Un triunfo pondría accesible la hazaña

  • Se espera una gran atmósfera

Ray McCallum, en el choque ante el Khimki Moscú. Ray McCallum, en el choque ante el Khimki Moscú.

Ray McCallum, en el choque ante el Khimki Moscú. / efe

Se acerca mayo y los momentos trascendentales comienzan a ser casi rutina. Pasado el primer momento culminante del curso con sabor agridulce, el Unicaja posee un buen escenario para buscar redención. Tras un enero pletórico en ACB y muy discreto en la Euroliga, es la competición europea donde ahora toca poner los puntos de sutura. Aunque la gran mayoría de las fichas estén puestas en la Liga Endesa, principal salvoconducto al primer escalón continental el año próximo, la inercia pide apurar las opciones de Top 8. Ahí aparece el Maccabi en Málaga, que está en la cornisa, tres saltos por encima de los cajistas, que se agarran a los últimos metros de cuerda.

Ganar a los israelís supone dar una zancada, con el retroceso que significa el signo contrario. Advierte Joan Plaza que el equipo llega en una sintonía sugerente, que se vislumbró en cómo le compitió al Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas en un gran escenario. Sucede que se solapó con la tara que arrastran desde octubre. Muchos de los partidos que quedan se jugarán en el alambre, por lo que urge saber gestionar esa presión. El vestuario ha hecho propósito de enmienda de puertas hacia afuera, por lo que toca darle el beneficio de la duda y examinar un teórico avance en la pista, donde se le enjuicia lo contrario.

El Top 8 tiene su punto de inconsciencia, pero el equipo se ha ganado pecar de impetuoso

Para colarse en esa pequeña rendija -Zalgiris y Khimki parecen un escalón por encima- que conduce al play off toca levantar un muro en el Carpena, del que han volado cinco triunfos en 11 partidos. En una Euroliga de un nivel tan alto acercarse al pleno resulta peliagudo, pero reducir esta brecha al máximo es el puente al Top 8. Quedan por venir Panathinaikos, Barcelona, Olympiacos y el propio Maccabi, lo que da alcance de la dificultad de la hazaña. El propio equipo de Spahija es buen espejo para reflejarse, que ató en Tel Aviv nueve de los 12 partidos que jugó. También cuenta el factor afición, siendo una de las canchas con más afluencia de la competición, metiendo 10.000 almas cada noche. Una pequeña porción -las previsiones indican una centena- de ese grupo estará hoy en Málaga poniendo el color amarillo en la grada. En esas, se espera una gran atmósfera una vez anoche quedaban menos de un millar de entradas para colgar el cartel de No hay billetes.

Los israelís combinan una atractiva combinación de talento y físico con el explosivo Pierre Jackson -en el radar verde el pasado verano- en la manija. Debe echarle los grilletes el Unicaja, que de ganar se pondría a dos saltos, con el plus del average de su lado. Todo con el Baskonia visitando Moscú, lo que supone otro empujón. Pensar en el Top 8 tiene su punto de inconsciencia, pero el Unicaja se ha ganado el derecho a pecar de impetuoso. Hoy, en el encuentro que coloca a Joan Plaza como el entrenador más longevo en la historia del club, debe poner el primer ladrillo.

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