La regularidad lleva premio

  • McCallum y Roberts dejaron un bonito duelo en el base

  • Exhibió una versión más sólida el de Olympiacos

Acabó hincando rodilla el Unicaja porque perdió más batallas de las que ganó en el pabellón de la Paz y la Amistad. Faltó poco para que el club de Los Guindos viese qué hay más allá de ese muro de El Pireo, pero, de momento, habrá que esperar. Sí se quedó cerca algo de culpa tuvo McCallum. Similar grado de pecado cometió Roberts para que aún quede lejos y la hazaña deba esperar un tiempo.

40 minutos dan para mucho. En la vida y en una cancha de baloncesto. Que se lo digan a ese chico menudo de Detroit que viste el 3 verde. Lapso de tiempo que le dio para ser héroe y villano. Tan pronto se ponía la capa, como caía de rodilla sobre la madera helena. No tendrá mucho tiempo para ver el vídeo, pero contiene grandes enseñanzas para todo lo que queda en el horizonte, que es mucho. Conductas a reproducir y conductas que debe cortar por lo sano.

Roberts no brilla en la estadística, pero sí deja menos dientes de sierra y buena lectura al final

Anda el americano en ese proceso de desembarco lógico. De adaptación a un entorno en el que casi cada día aprende algo nuevo, por lo que aún debe guardarse paciencia. En términos de viajes, podría decirse que aún aqueja el típico jet lag, con el que tendrá que convivir algunas semanas más.

No es una certeza completa, pero McCallum es algo así como el termómetro de este Unicaja. Repunta el grupo cuando él sobresale y aguanta bien el tipo, porque hay mucha calidad, cuando él zozobra. Se percibió contra el Fenerbahce -solo queda recordar esos seis puntos al principio del último cuarto- y se vio ayer. Quitando el choque ante un Betis muy inferior, le cuesta al uno engancharse a los partidos. En Fuenlabrada llegó tarde y anoche también. Arrastró un lastre del principio al final, que fueron los tiros libres (7/12 al final). Fue lo único en lo que mantuvo regularidad. Su juego fue una montaña rusa. Totalmente intrascendente al principio, amagó con decidir al final, donde Plaza lo mantuvo en pista cuando lo gordo estaba sobre la mesa. Acabó con 14 puntos en su ficha, 13 de ellos en los diez minutos finales. Actuación destacada que tiene trampa. Pecó de protagonismo, perdió dos balones y cometió una falta en ataque que fueron una rémora al final. Si encuentra el punto de equilibrio en ataque y da algo más en defensa, Plaza tiene un jugador de primer nivel. El Pireo le sirvió de máster acelerado.

En el otro lado de la balanza bailó Brian Roberts. De partida, toca decir que su juego guarda pocos parecidos. Eso sí, de justicia también es añadir que acabó siendo más decisivo. No exhibió tantos picos y su estabilidad tuvo premio.

Comparte con McCallum que ésta sea su primera experiencia en Europa, aunque a él se le vio en un punto de cocción superior. Presumiblemente, amenaza con irle bien en un sistema tan coral su generosidad. A falta de Spanoulis, las responsabilidad se repartieron y él cogió un pedacito. No impresionaron sus números, pero sí su poso. Solo atacó el aro cuando lo vio muy claro, dedicándose la mayor parte de los minutos a hacer jugar al grupo. Lucen sus 4 pases de canasta y sus instantes finales. Cuando Sfairopoulos le dio asueto, el Unicaja se subió a las barbas helenas. Estuvo Roberts en ambos estirones al inicio del partido y a la vuelta de vestuarios, pero luego le tocó coger oxígeno. Con los verdes acechando, le sacó dos tiros libres a McCallum -que metió- y en vez de jugársela de tres cuando la situación invitaba a ello , se la dobló a Printezis, que tenía superioridad con su par. Esa buena lectura y algunos detalles técnicos de depurada calidad le ponen en una órbita más elevada.

Dos americanos que buscan que la Euroliga sea un trampolín para regresar a la NBA. Anoche uno exhibió mejor cara nada más aterrizar, pero las notas se ponen en mayo.

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