Del ridículo al orgullo

  • El Unicaja perdía por 23 puntos mediado el segundo cuarto y consigue remontar para forzar la prórroga y ganar en el tiempo extra

  • Alberto Díaz (18 puntos) fue determinante para vencer

Dani Díez rebotea con poderío. Dani Díez rebotea con poderío.

Dani Díez rebotea con poderío. / acb photo

El Unicaja completaba un ridículo espantoso mediado el segundo cuarto, cuando perdía por 23 puntos y estaba a merced del Obradoiro (41-18). Una actuación impropia, como si enfrentar entre semana a un rival no de Euroliga hubiera hecho holgazana a la plantilla. Se metió en una ciénaga de la que no podía salir el equipo malagueño, con mala actitud, encadenando pérdidas y permitiendo que el rival, sin objetivos tangibles por cumplir hasta el final de la temporada más que la dignidad, era un huracán que encadenaba triples y canasta. Un parcial de 25-2, dentro del cual había un 16-0.

Ese mismo equipo acabó ganando en Fontes do Sar (91-97) tras forzar una prórroga. Del ridículo a un triunfo importantísimo. Tiene orgullo este equipo, es innegable. Compite y rarísima vez se abandona. El juego es más discutible, tiene demasiados altibajos para ser fiable. Pero es competitivo hasta el extremo. ¿Dará para cotas más altas? De momento, de manera inopinada tropezaron ayer Gran Canaria, MoraBanc y Tenerife ante equipos de la zona baja. Da una idea de lo que espera hasta el final de temporada. Cuando en juego está la salvación puede morder más el contrario que un oponente de Euroliga.

Un hombre fundamental, básico, en la remontada: Alberto Díaz. Determinante en los dos lados de la pista. Anuló a Thomas, pesadilla durante muchos minutos, y miró el aro. "Sabía que entrarían", decía en estas páginas hace un par de días. Cerca del 50% en triples en los dos últimos meses, ayer completó su mejor partido numérico profesionalmente. Su tope eran 14 puntos y metió 18, atraviéndose a lanzar 11 veces desde detrás de la línea. Su crecimiento es progresivo y no se detiene. A veces parece que su tope ya ha llegado. Lo suele desmentir el malagueño, ahora con otros registros.

No fue un buen partido, no obstante. No es el camino para ganar y ser sólido. Lo que se vio durante el primer tiempo fue para llevarse las manos a la cabeza. El partido se fue decantando hacia el lado gallego tras el equilibrio inicial (16-16). Desde entonces el equipo de Joan Plaza pisó un pantano en el que quedó atrapado. Un parcial tremendo, minutos de pérdida total de papeles, impropios de un equipo del nivel del Unicaja. Los tiempos muertos de Plaza no servían para nada, el Obradoiro volaba hasta tomar 23 puntos de diferencia (41-18).

Un arrebato de dignidad de Dani Díez, que metió ocho puntos seguidos, permitió al Unicaja recobrar algo de aire, pero el hueco seguía siendo grande al final del primer tiempo (45-28).

El Unicaja salió con algo más de energía tras el descanso. Metió dos triples Alberto Díaz, pero Pustovyi repelía y Nedovic se enfadaba con un árbitro y se ganaba una técnica que le daba respiro al Obradoiro (54-37). Ensartó una buena racha para acabar el tercer periodo el Unicaja, con un triple de Salin, un dos más uno de Livio, dos tiros libres de Suárez y una canasta sobre la bocina de Waczynski (61-51).

Subía un grado más el Unicaja, que ya estaba plenamente en partido tras un triple de Salin y una canasta de Waczynski. Cortaba otra vez la tendencia una técnica al finlandés, acompañada de una falta por la que protesta. Pero volvía el Unicaja con Alberto al comando, enorme en los dos aros. La estadística le da un robo. Pudo provocar no menos de seis pérdidas rivales.

El propio Alberto Díaz, a falta de 31 segundos, dejó el marcador comprimidísimo con otro triple (84-83). Radovic metió un solo tiro libre y Waczynski empató a falta de 21 segundos (85-85). El ataque postrero del Obradoiro acabó en un bote en el pie de Navarro. En la prórroga el Unicaja llegó con el pico emocional más alto, también igual con la costumbre de jugar varios partidos a la semana que no tiene el Obradoiro. Y no perdonó, liquidó sin piedad.

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