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Esto va de meterla

  • El Unicaja continúa negado (36% en tiros de campo y 58% en tiros libres) y encadena su cuarta derrota en Andorra

  • El equipo se queda en octava posición

Sasu Salin entra a canasta ante Jaka Blazic. Sasu Salin entra a canasta ante Jaka Blazic.

Sasu Salin entra a canasta ante Jaka Blazic. / efe

Es aconsejable echarse un cubo de agua fría antes de elaborar una crónica del Unicaja. Es posible que el transcurrir de la temporada desmienta los malos síntomas que emana el equipo, pero se va convirtiendo en un acto de fe. La continua exposición del trabajo con el acelerado calendario impide ver mejoras. Pese a que el partido de Madrid se abandonó rápidamente, la respuesta en Andorra no fue mejor. Se perdió en el Principado (66-60) en un partido otra vez de difícil digestión. Se entró en el último minuto de partido con empate, pero la moneda salió cruz. Fue bastante más tiempo por detrás en el marcador el equipo de Joan Plaza. No consigue que sus jugadores superen la dependencia de Nedovic. El juego ofensivo del equipo es una calamidad.

Los datos son concluyentes. Con un 36% en tiros de campo y un 58% en tiros libres es altamente complicado ganar un partido. Los niveles defensivos son habitualmente aceptables, siempre mejorables, pero ofensivamente no se comparte el balón, se abusa del bote y no hay desborde. Sin Nedovic se han perdido los cuatro partidos que se han jugado esta temporada. El promedio anotador en 40 minutos son 60 puntos, los que se metieron ayer.

La ansiedad parece devorar al equipo malagueño, que no encuentra a Shermadini tanto como debiera. Es lógico que los rivales se cierren e impidan jugar con el georgiano con tan mal porcentaje de lanzamiento exterior. Pero tampoco se le encuentra cuando gana posiciones. El MoraBanc tenía una necesidad similar a la del Unicaja. Hay algunas dudas en Andorra y se notó en el desarrollo del partido que la responsabilidad pesaba. Salió 9-0 el Andorra, Plaza quitó rápidamente a McCallum para meter a Alberto y el malagueño enganchó al equipo al partido (11-11). Pasan muchos minutos intrascendentes de McCallum en los partidos y se esperaba que, más aún sin Nedovic, diera ese paso de liderazgo que sólo encuentra en situaciones deslavazadas. Un buen tramo de Waczynski, el mejor ayer, daba ventaja al Unicaja (16-20), pero la respuesta del Andorra fue un parcial de 15-0 (31-20), atenuado al descanso (36-30). No se puede vivir con tanta irregularidad, no se enlazan no ya partidos sino cuartos sólidos.

En ausencia de Nedovic, Waczynski y Milosavljevic se repartieron protagonismo para dar resuello a Salin. Al polaco se le veía más multidimensional de lo que suele, no sólo tirando. Un detalle habitualmente favorable al Unicaja, el rebote, está siendo un lastre esta temporada. Y es uno de los cánones innegociables de la filosofía de juego del equipo. El Andorra promediaba ocho por partido antes del encuentro de ayer, en el que hizo 17. Dobló las cifras y es muy significativo. Lo pagó el Unicaja durante todo el partido, especialmente tras la reanudación. A base de tiros libres, a pesar de los fallos, el partido se igualó. Ambos equipos evidenciaban su ansiedad, con errores infantiles antes del cuarto final (46-43).

El partido se marchaba cuando el MoraBanc, en el citado rebote de ataque, encontraba situaciones repetidas. No había tenido apenas minutos Karnowski, interesante corpulento pívot polaco que hizo carrera compartiendo juego interior con Domas Sabonis en Gonzaga, por problemas de faltas. Pero hasta ocho jugadores andorranos de los 11 que jugaron cogieron rechaces del aro malagueño. 51-43 mandaba el MoraBanc. Tiro libre a tiro libre se fue metiendo en el partido el Unicaja de nuevo. Antes, Milosavljevic había metido una canasta después de cuatro pases seguidos y rápidos, sin bote, con un dos más uno. Era una raya en el agua. Se sumaron dos puntos en seis minutos.

Fue Salin quien definitivamente igualó el partido. El finés metió dos triples para empatar el encuentro (55-55) a falta de casi tres minutos. Tiene la mano aunque la creación del tiro ya es otro tema. Sucedieron ahí dos minutos en los que probablemente estuvo el duelo. Con los dos equipos tensionados hasta el extremo, cada ataque era una tómbola. El Unicaja dispuso de dos balones para ponerse por arriba en el marcador, pero las elecciones no fueron buenas. Alberto acabó lanzando en posición forzada. Un triple de Walker, ya en el último minuto, dio esa ventaja precisa para que el MoraBanc se tranquilizara y el Unicaja enloqueciera. Le dio Plaza las llaves del coche a McCallum para que buscara rápidamente el aro y falló dos veces seguidas. Y en el carrusel de tiros libres el cuadro local, con Jaime Fernández estelar, no falló en una serie de ocho lanzamientos.

La victoria se quedó en Andorra y el Unicaja marcha octavo, por primera vez con balance negativo (4-5). No ir a la Copa del Rey es una posibilidad muy real. De hecho, no se irá si no se mejora.

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