Análisis 'Final Fantasy XIII-2'

  • Con un argumento tan endeble que resulta inexistente, pero aportando algunas mejoras a su jugabilidad, la inacabable saga presenta su nuevo capítulo.

Square Enix presenta con Final Fantasy XIII-2 tanto la continuación de la decimotercera entrega numerada de la serie como su intento de salvación del trece, un número que ha traído pocas alegrías a los seguidores de la saga. La secuela captura parte de la esencia perdida de la franquicia, tantas veces exigida por los intratables fans, que aún con todo encontrarán una entrega que está lejos de ser perfecta y poco tiene que ver con lo plasmado en la primera parte. Así, Final Fantasy XIII-2 logra apartarse del conflicto del Nido rompiendo el argumento para permitirnos trazar una interesante, aunque descabezada aventura, asentada en los viajes temporales.

Nada más comenzar nuestra aventura, Lightning, convertida en una diosa guerrera de Valhalla, librará una impresionante batalla contra Caius Ballad, el nuevo villano. Una secuencia interactiva trepidante y repleta de escenas de acción, donde el caos y la destrucción se mezclan para ofrecer una brutal introducción, se verá interrumpida por la aparición de Noel Kreiss, un viajero interdimensional y último superviviente de una humanidad ya extinguida. Sin ofrecer demasiados detalles convincentes, Lightning enviará a Kreiss en busca de Serah, la hermana de la diosa, con la intención de que ambos  viajen a través de diferentes épocas para frenar la entidad que está alterando el continuo espacio-tiempo y evitar un futuro tan catastrófico para la humanidad.

Jugabilidad

Bajo este planteamiento tan prometedor se esconde una pasividad argumental lamentable. De hecho, y rescatando de forma inadecuada el código genético del clásico Chrono Trigger, el argumento raramente casa a consecuencia de los viajes temporales: a lo largo del desarrollo de la historia, lo siguiente no necesariamente debe enlazar con los hechos anteriores. Esta sucesión de capítulos, que se abre más allá de las 40 horas, raramente ofrece la sensación de estar argumentada a través de un mínimo hilo conductor, sensaciones que se amplían gracias a la evidente falta de motivación de unos personajes bien estructurados, aunque dotados de una emotividad que en ocasiones roza la ñoñería. El concepto de los dos protagonistas es muy interesante, aunque tanto la relación entre ellos como la diferente personalidad de ambos no provoca ningún tipo de cercanía hacia el jugador, dejando para la historia una pareja protagonista absolutamente estéril.

De todos modos, es cierto que Final Fantasy XIII-2 termina con la linealidad. Ahora podemos avanzar y retroceder sobre nuestros pasos para terminar con un área determinada y así descubrir todo lo que esconde. Para ello lo único que necesitamos es activar determinados portales que permiten acceder al denominado Umbral de las Eras, un punto temporal neutro que nos permitirá viajar a una época u otra libremente, algo que compensa sobradamente el inapropiado planteamiento argumental  y ofrece un potente motor para mover la producción, que se desarrolla entre áreas más amplias y complicadas, donde además podremos acceder a misiones secundarias que animan al jugador a regresar al escenario.

De este modo, la nueva estructura ofrece libertad de exploración en zonas enormes, bien diseñadas, y una vez solventado el inicio de juego, cuando se dispone de la posibilidad de viajar en el tiempo, se obtiene el control completo de las épocas para acceder a cada área, gracias a un menú de selección de escenarios. En términos prácticos, un planteamiento de juego sumamente funcional para un título tan extenso. Además contamos con varios elementos que recuperar como fragmentos de juego y otras sorpresas, que pueden extender el tiempo de juego hasta las 65 horas.

Como si de un acto de redención se tratase, Square Enixha rescatado algunos de los personajes más entrañables de la franquicia, como el simpático Moguri, pieza vital e imprescindible para el desarrollo de la aventura, ya que nos ayudará a encontrar muchos elementos ocultos o inalcanzables, como los Artefactos, las extrañas piezas necesarias para activar los portales temporales. Pero además Final Fantasy XIII-2 nos permite viajar por las áreas a lomos de los clásicos chocobos, que estarán disponibles en las localizaciones más extensas y nos ayudan a recorrer grandes distancias en poco tiempo sin ser incitados para abrir combate. También hay lugares donde comprar, vender o modificar ítems. Chocolina será la encargada de la venta ambulante en la entrega, y nos permitirá también actualizar o crear armas y accesorios mediante los materiales que vayamos obteniendo.

Además de recuperar las grandes cinemáticas interactivas, esta odisea espacio temporal abre el abanico de posibilidades jugables con la incorporación de los laberintos temporales, una serie de minijuegos que no van más allá, al igual que los llamados lances, donde tenemos que elegir entre una serie de respuestas para recibir determinada información sin ninguna incidencia palpable en el desarrollo del argumento. Final Fantasy XIII-2 desecha definitivamente las clásicas invocaciones de la serie para dar paso a unos monstruos que nos acompañaran durante el viaje. Estos acompañantes especiales se pueden reclutar cuando se derrotan en combate, se engloban en varias clases y poseen un número limitado de habilidades que se pueden ampliar al fusionar bestias de la misma clase, aunque en el proceso será inevitable sacrificar a la menos poderosa.

Pero definitivamente el mayor atractivo de Final Fantasy XIII-2 recae en la incorporación de un sistema de combate activo. Olvídate de elaborar estrategias de precisión quirúrgica: toca moverse y pelear, ya que vuelven las formaciones pre configuradas. De este modo podremos variar el rol de los miembros del equipo durante la batalla tantas veces como sea necesario, pasando de lanzar hechizos a adoptar una mecánica de protección tan rápidamente como te lo permitan tus reflejos. En materia de combate, el cambio es instantáneo, eliminado las animaciones que interrumpían la acción y obligando al jugador a pensar y actuar rápidamente.

Se ha incrementado el ritmo en las batallas ofreciendo en muchas ocasiones una sensación de locura y frenesí que aumenta según el nivel de la contienda, ya que algunos jefes son extremadamente complicados de vencer, siendo la muerte algo inevitable. Aunque también es cierto que la muerte no conlleva consecuencias fatales, ya que además de disponer de puntos de guardado automático, el juego te sitúa inmediatamente antes de la batalla, permitiendo abandonar la tarea para regresar con más nivel, mejores pertrechos o una nueva estrategia que permita al jugador afrontar el desafío con posibilidades. Por otro lado los combates con las criaturas ordinarias del universo suelen convertirse en encuentros bastante accesibles y faltos de motivación.

De este modo las batallas ya no se permiten el lujo de dejar al jugador mirando como si se tratase de un elaborado trámite. Dependiendo de la configuración de los enemigos, éste se verá obligado a variar la configuración. Aquí es donde cobra una importancia vital el desarrollo y tipo de personajes integrantes en el grupo y sobre todo cómo se utilizan en combinación con el resto del grupo, lo que añade un valor estratégico inmenso, que además estará disponible con prácticamente la totalidad de sus clases y opciones a las pocas horas de juego, lo que permite disfrutar al máximo de todas las posibilidades tácticas de combate durante la mayor parte de la aventura.

Para ir terminando con los aspectos jugables, nos detenemos a observar el árbol de habilidades que estrenó Final Fantasy XIII, llamado Cristarium, que regresa sin levantar demasiado revuelo gracias en parte a la mínima cantidad de variaciones que ha sufrido. Es decir, cambiaremos los puntos de cristal por nuevos movimientos y habilidades mientras subimos de nivel.

Gráficos / Audio

Para comenzar hay que apuntar que prácticamente no existen diferencias entre la versión para PlayStation 3 y Xbox 360, aunque si hubiera que decantarse, parece tener más fluidez la versión para la máquina de Sony. Aun así, las diferencias son mínimas, y es que técnicamente Final Fantasy XIII-2 recicla los atributos de su predecesor con un par de años de distancia y sobre un motor que prácticamente no ha recibido mejoras, algo que se deja notar en el resultado gráfico, que recoge los escenarios más vistosos y deslumbrantes de la entrega anterior para reproducirlos de nuevo sin la sensación de grandiosidad gráfica que ofrecieron en un primer momento. El resto continúa en las mismas, es decir, un sobresaliente apartado artístico que se ve ninguneado por el reciclaje de escenarios, personajes y algunos efectos poco convincentes.

Final Fantasy XIII-2 llega a nuestro país con voces en inglés y textos en castellano. El trabajo de los actores que ponen la voz a los protagonistas parece ofrecer incluso más que los mismos personajes, con convincentes actuaciones que se acompañan de muy buenas traducciones a nuestro idioma y un par de temas nuevos, entre las también recicladas pistas de audio de Final Fantasy XIII.

Conclusiones

Final Fantasy no logra reinventarse de manera convincente, algo vital para la supervivencia de una franquicia tan longeva e icónica como la de Square Enix. Las recientes propuestas de los propietarios de la marca han logrado una dualidad polarizada, donde los gráficos fascinantes, las historias complejas y las drásticas variaciones en la jugabilidad han dividido a su propio público, y donde posiblemente, este notable Final Fantasy XIII-2 tenga que pagar injustamente las incertidumbres de sus diseñadores, pues estamos ante un buen juego que consigue corregir muchos de sus errores para ofrecer una experiencia mejorada. Es una pena que no se haya tratado con más cuidado el argumento, que está como un cuñado borracho viendo la tele en el sofá: poco más que para hacer bulto. Con todo, la mejoría en el plano jugable es evidente, planteada sobre un refinado sistema de combate que ofrece batallas intensas y bien diseñadas, enormes escenarios que llaman a la exploración y sobre todo: libertad para movernos a nuestro antojo por todo el contenido que incluye el juego.

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