La ilusión, el idioma universal

  • Melchor, Gaspar y Baltasar llenaron el desfile de los Reyes Magos con fantasía y miles de caramelos

Que suenen con alegría los cánticos de mi tierra, y viva el niño de Dios que ha nacido en Nochebuena. Las voces infantiles de la escolanía del Orfeón Universitario ponían punto y final a la cabalgata de Reyes Magos en el atrio de la Catedral mientras Sus Majestades adoraban a Jesús y le presentaban sus regalos: oro, incienso y mirra. Por el camino, más de 12.000 kilos de caramelos, regalos y chucherías volaron por los aires para celebrar la Epifanía, la noche más esperada, la ilusión de todos.

Ya en la Alcazaba, morada real antes de iniciar su andadura por la ciudad, los Reyes Magos ensayaron el lanzamiento de caramelos aunque el público presente no fuese capaz de adivinar aún las tres ansiadas figuras. Desde las almenas de la antigua fortaleza salieron los pequeños proyectiles mientras los nervios de algunos no podían más y estallaban en gritos ahogados. Raudos se abalanzaban hacia el suelo para conseguir el preciado cristal de azúcar.

Con sus séquitos preparados, Melchor, Gaspar y Baltasar salieron a escena para empezar a recibir manos, abrazos, fotografías y prisas. A pesar de las previsiones meteorológicas de la semana, el viento y la lluvia esperaron a medianoche para activar su alerta por lo que, sin pausa pero sin prisa, los Sabios de Oriente realizaron su recorrido entre la Aduana y el Rectorado para ser recibidos, a pie de la Casona, por el alcalde Francisco de la Torre.

Entre los villancicos que la Banda Municipal interpretaba, las familias congregadas tras las vallas -y las que no tenían impedimento para pasar al recinto- aguardaban con impaciencia al momento de intentar, aunque sea por un simple roce, dar la mano a los Reyes. El dolor de pies y las largas esperas, igualadas en algunas ocasiones a las de un Jueves Santo, llevaban a pequeños conatos de crispación familiar por apenas segundos. Lo que los niños ven, lo hacen, y la voz de los adultos es la que supo poner cordura ante enfados y malentendidos. Las recomendaciones del servicio de Emergencias contaron con algunos lectores y personas que supieron aplicar su criterio.

Una vez alcanzada la escalinata del Ayuntamiento, donde concejales de los partidos políticos pugnaban por un hueco en la foto, llegó el momento de subir al balcón para escuchar la carta de Jesús Miguel Pérez Amezcua, alumno del colegio La Goleta que con 11 años no dudó en solicitar trabajo digno a Melchor, rey de la riqueza, y la unidad ante los conflictos a Baltasar, símbolo multicultural.

Y es que frente a creencias y dogmas, la cabalgata de Reyes Magos mantiene un peso de tradición católica que se mimetiza con el ambiente festivo y lúdico. Desde el Rey León, Scooby Doo o Shrek a los pajes reales, el portal de Belén o la Estrella de Oriente, el cortejo cuenta con un idioma universal: el de la ilusión. Frente a ellos un público que busca la posibilidad de dar a los pequeños una infancia lo más feliz posible en un día especial.

Con la expectación superando la rotonda del General Torrijos, los Reyes se incorporaron a sus carrozas a los sones de las cornetas de Fusionadas y Esperanza, que desfilaron entre los tres Sabios. La paciencia detuvo su cometido, no hacía falta esperar más y Melchor, Gaspar y Baltasar serían ya de todos, lejos del abrazo cordial y frívolo del interior de la Casona.

A partir de ese instante creer en la magia es posible. La cabalgata funcionó como un engranaje preparado para evitar cualquier situación inesperada gracias a que voluntarios, familias y actores de la Cabalgata supieron repartir y recibir los caramelos con prudencia. Mientras el Paseo del Parque quedaba completamente abarrotado por público sentado en sillas y de pie, por el aire volaban bolsas de gusanitos, pelotas y peluches. La carroza de María Auxiliadora repartía globos azules y rosas mientras las de Monte Calvario, Huerto y Salutación se animaban con caramelos sin gluten ni azúcar.

Mientras la cabeza del cortejo entraba en plaza de Arriola, la carroza de Baltasar aún transitaba por el Paseo del Parque ante el Banco de España. El cortejo volvió a ganar en lucimiento, aumentando el número de carrozas, pasacalles y grupos de animación que hicieron las delicias de mayores y pequeños. Con el sendero marcado hasta el eje de Carretería y Álamos, el cortejo avanzó sin prisa para alcanzar pasadas las 21:00 la plaza de la Merced, momento en que los Reyes Magos descendieron de nuevo a la realidad para fundirse con el público.

En la plaza del Obispo llegó el momento culminante. La cabalgata debía terminar y el centro cambiaba su foco de atención de una calle Larios iluminada pero sin música a un espacio más tradicional, bajo sones navideños. A los pies del Niño Jesús culminaba para dar paso, sin que se hiciese más tarde, a los nervios por ver qué dejarán los Reyes por la mañana, en una de esas escasas jornadas en las que los sueños crean el lenguaje de la ilusión antes del amanecer.

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