Un enfermero con marcha

  • Un profesional de Urgencias del Clínico es campeón europeo de equipos y atesora una veintena de medallas en ese deporte

  • Emigró para no aceptar empleos precarios y ahora es el supervisor de ese área

Un día normal de Antonio Camaño incluye enfrentarse a las Urgencias del Clínico por la mañana y hacer 10 kilómetros de entrenamiento de marcha por la tarde. Los descansos pueden suponer aviones, trenes y competiciones en cualquier parte de Europa. Ese es el ritmo de este enfermero de 37 años cuyo secreto para poder con todo es entrenar, comer muy bien, "no tener niños y contar con una mujer que me comprende".

Antonio ha sido subcampeón de Europa veterano en 20 kilómetros marcha atlética, campeón europeo por equipos, de Andalucía en varias ocasiones y subcampeón de España en 10 kilómetros. En total, desde que empezó en este deportes hace tres años, se ha traído a casa una veintena de medallas.

Advierte que el deporte debe hacerse de forma gradual, con cabeza y buscando la salud

Confiesa que siempre ha hecho mucho deporte. Ya a los 20 se había dejado los meniscos jugando al fútbol y estaba operado de las dos rodillas. Luego se dedicó al triatlón. Hasta que un día el campeón del mundo de marcha atlética Miguel Ángel López lo vio y le dijo que tenía futuro en esa modalidad deportiva. "Y si te lo dice un campeón del mundo, te lo crees", admite. Así que decidió probar. De eso hace apenas tres años y ya tiene un nutrido medallero y forma parte de la Selección española de marcha atlética.

Reconoce que sin el AVE o el aeropuerto no podría participar en tantas competiciones. El verano pasado, por ejemplo, quedó tercero de España en Elche por la mañana y en el mismo puesto de Andalucía en Málaga, por la noche. Cuando se le pregunta por qué lleva un ritmo tan frenético, contesta: "Me encanta. Las endorfinas hacen que liberes estrés, que desconectes totalmente". Y luego confiesa: "Eso sí, cuando llego el lunes al hospital no me puedo mover".

Este enfermero oriundo de Málaga estudió su carrera en esta ciudad. Pero huyendo de la precariedad emigró a Inglaterra con el título sacado. "Me fui porque aquí sólo había trabajo en verano o en la privada, en malas condiciones", sostiene. Además, el tenía claro que quería trabajar en el área de Críticos. Y encontró su oportunidad en un hospital público de Middlebrough. Allí se tiró dos años. Al principio le costó romper la barrera idiomática. En esa zona del norte del país se habla un inglés muy cerrado -el geordie- que le resultó difícil de comprender. "Pero ahora entiendo a todos los angloparlantes del mundo entero", bromea.

Con su experiencia y sus puntos, se sacó una plaza en un centro de salud de la capital. Pero como su pasión era trabajar en el área de Críticos, no paró hasta conseguir un trabajo en Urgencias del Clínico. De eso hace ya 13 años. Finalmente, hace un año y medio, logró convertirse en el supervisor del área. Dice que está a muy gusto trabajando en una parte del hospital en la que los pacientes a veces se debaten entre la vida y la muerte. "Me encanta ayudar y donde los demás ven caos, nosotros vemos problemas a solventar", explica.

Como sanitario, le sale la vena de velar por la salud pública. Por ello, aconseja que siempre el deporte se haga "con cabeza", de forma progresiva y no planteándose objetivos extremadamente ambiciosos. "Debe hacerse buscando la salud", aclara.

Cuenta que antes de ser supervisor, llegaba a caminarse casi 10 kilómetros diarios cada vez que le tocaba el turno de 14 horas. Porque recuerda que el Clínico es el hospital de Andalucía que más pacientes recibe por la misma puerta de Urgencias. Unos 480 pacientes de media al día y, en picos de alta frecuentación, hasta 600.

Con estos datos, su preferencia por trabajar en el área de Críticos y sus descansos dedicados entrenar o competir, está claro que a este enfermero le va la marcha, sea en el hospital o en las pistas.

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