Tres monedas y miles de rezos para el Cristo de Medinaceli

  • La lluvia protagoniza una jornada de gran afluencia en la parroquia de Santiago

  • La imagen quedó dispuesta en el altar mayor para facilitar el acceso de los fieles

Una de las escenas más esperadas en la mañana del primer viernes de marzo quedó latente por la lluvia que, durante gran parte del día, cubrió la ciudad. La apertura de la puerta de la parroquia de Santiago para mantener activa la devoción a Jesús de Medinaceli siempre ha estado acompañada de largas colas para depositar las tres preceptivas monedas. Sin embargo, apenas el cierre de los paraguas obstaculizaba el acceso al templo para recabar la tradicional fotografía.

A los fenómenos meteorológicos se unió una novedosa distribución en el interior del templo gracias al cuidado del grupo parroquial que promueve la devoción a Medinaceli. El Cristo quedó expuesto a la veneración en el presbiterio del templo junto a iluminación de cera y con las gigantescas huchas preparadas antes de girar desde la nave de la Epístola hasta el altar mayor.

Las puertas del templo se cerraron a medianoche tras una intensa jornada

De esa forma, la organización daba la posibilidad de cumplir la tradición antes de ponerse frente a la imagen en muchas actitudes: arrodillado en un reclinatorio, de pie para mantener la mirada en sus ojos y transmitir las peticiones, sentado en los escasos bancos que, a causa del pasillo creado al efecto, quedaron en la nave central del templo. Las puertas abrieron a las 8:00 con el objetivo de dar tiempo suficiente a los fieles para compartir tiempo con la talla sin esperar excesivas colas. Luces tenues, música de capilla y el debido respeto mientras, desde todos los puntos de la ciudad, llegaban devotos cargados de claveles rojos para la talla o aceite para el cuadro de las Ánimas del Purgatorio. Entre el silencio esperado, alguna exaltación del público. "¿Y tú para qué le rezas si no vas a misa?", decía una mujer a otra. Los motivos quedaron ya para el oído de la primera, pero la devoción no entiende de preceptos en algunas ocasiones y, por ello, muchos de los asistentes esperaban su redención entre los móviles alzados para tomar una foto.

"Lo mejor que ha traído Medinaceli hoy [por ayer] es la lluvia, que tanta falta hacía en los campos y para la gente que vive de la tierra", comentaba Francisco Aranda, párroco de Santiago, entre confesiones hechas en el bajo coro. Con un tránsito de fieles inferior al habitual, el sacerdote buscaba la mejor recompensa ante una jornada en la que, entre misas y atenciones a los fieles, se prolongaría hasta la medianoche.

Dentro del templo, en la puerta norte, los puestos de recuerdos no dejaban de tener visitas. Las pulseras y estampas con la imagen de Jesús de Medinaceli tuvieron constante demanda frente a los pastilleros y pequeños altares, reservados para los públicos más tradicionales. Las familias, aprovechando la Semana Blanca de los pequeños, no dudaban en regalar uno de los productos del Cristo, de El Rico o la Virgen de la Sierra que en el ángulo de la parroquia aguardaban.

Llegadas las 11:30 de la mañana, y con medio aforo pero buena previsión para la tarde, fue momento de rezar el Santo Rosario en sus misterios dolorosos, algo que provocó entre el público la mirada a la Virgen de Sentencia. El choque del metal en las grandes huchas se convertía en música para las obras de Cáritas Parroquial, a donde irán destinada la mayor parte de los beneficios, así como al mantenimiento del templo.

Mientras la lluvia apretaba con fuerza, la imagen provocaba reacciones diversas: algunas lágrimas, muchas peticiones, recuerdos y promesas de volver un año más para cumplir la tradición y depositar las tres monedas en el cepillo parroquial. Una alianza que el Cristo de Medinaceli acepta cada año desde su parroquia de calle Granada.

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