Andalucía

Renacer con un latido prestado

  • El Hospital Reina Sofía de Córdoba, referencia en materia de trasplantes, realiza con éxito una intervención para sustituir el corazón de un paciente

Para Andrés Gómez todo comenzó con un teléfono que sonó en mitad de la noche de un Lunes Santo. Las palabras que recuerda de aquel día son "tenemos un corazón para usted". Y probablemente le causaron alivio, pero también una leve taquicardia en el momento en el que las asumió.

En realidad, todo había comenzado a las cuatro y media de aquella tarde en una provincia andaluza, cuando la generosidad de una familia, que acababa de perder a un ser querido por muerte encefálica, activaba el protocolo de trasplantes, y así, llamada a llamada, le cambió la vida a Andrés Gómez.

Tras un infarto que le dejó un corazón muy delicado, fue incluido en programa andaluz de trasplantes por su relativa juventud. Además, Gómez cumplía con los requisitos necesarios, como tener un grupo sanguíneo muy común en Andalucía, y finalmente en noviembre del año pasado entró en la lista de espera para conseguir un nuevo músculo cardiaco, explica el cardiólogo Francisco Carrasco.

El 30 de marzo, Gómez entró en plena noche en un quirófano del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba algo asustado, aunque la mala impresión sólo le duró el tiempo que tardaron en hacerle efecto los anestésicos, que lo sumieron en un sueño del que despertó horas después al compás de un corazón nuevo.

El nuevo órgano de Andrés Gómez viajó por Andalucía en un taxi, dentro de una nevera con hielo, mientras el cirujano Javier Moya y su equipo preparaban al paciente para una operación que va contra las leyes de la naturaleza. "Hay que comprender que lo que nosotros hacemos es una cosa totalmente antinatura, coger un corazón, sacarlo de un cadáver, traerlo en hielo e intentar que eche a andar", indicó el galeno minutos antes de empezar a operar.

La cirugía consiste en instaurar la circulación extracorpórea mediante una bomba -una maraña de tuberías y aparatos capaz de mantener las constantes vitales del paciente-, mientras que el equipo médico trabaja con precisión de relojero en extraer el corazón enfermo, para después reparar el nuevo, introducirlo en el cuerpo del paciente y hacerlo funcionar.

El doctor Moya y sus colaboradores desempeñaron su tarea con suma tranquilidad, hablando entre ellos, cortando, cauterizando y cosiendo, mientras que Andrés Gómez dormía ajeno a todo el trajín. Cuando despertó, unas horas más tarde, no pudo conocer el olor que había tenido el quirófano durante la complicada operación, ni tampoco supo que su maltrecho corazón siguió latiendo durante unos minutos cuando lo sacaron de su pecho, mientras los cirujanos preparaban su nuevo órgano para adaptarlo a la cavidad del paciente. Tampoco fue consciente de que, en torno a las cinco y media de la madrugada, su corazón nuevo sencillamente echó a andar, y entonces, la bomba que impulsaba su sangre dejó de ser una máquina.

Ante una intervención de este tipo, el doctor Moya explica que la principal preocupación es el sangrado durante la primera fase. Después, la dificultad radica en lograr que el nuevo órgano funcione correctamente en su nueva ubicación. El último paso crítico consiste en evitar el rechazo agudo, que se puede producir en las primeras horas y es una tarea propia de los cardiólogos e intensivistas, que aplican al paciente los inmunosupresores necesarios para ello. Gómez superó este trance con "aparente facilidad", según señaló el médico especialista Francisco Carrasco, que también recordó que la tasa del mencionado rechazo agudo es baja.

El de Andrés Gómez es otro pequeño milagro de los que ocurren en el Reina Sofía de Córdoba, uno de los centros de referencia en materia de donación y trasplantes, y cuyo coordinador intrahospitalario en este área, Bibián Ortega, lleva más de un cuarto de siglo desempeñando su tarea. Ortega destaca que la coordinación de trasplantes permite ver "las dos caras de la donación", la de la familia que pierde a un ser querido, en la que "palpas el dolor"; pero también "la otra cara de la moneda", la de "una persona que está en fase terminal, y que gracias a la generosidad de esa familia, sale con una nueva vida".

En esta intervención en concreto, del donante se aprovecharon, además del corazón, los pulmones, que también se trasplantaron en el Reina Sofía de Córdoba, así como el hígado, los riñones y otros tejidos. Pero nada de esto sabía Andrés cuando despertó horas después, todavía aturdido, y preguntó a su médico: "¿Cuándo me operan?".

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