Crónica Personal

Terremoto en la política nacional por el resultado en Andalucía

Casado y Rivera tendrán la última palabra sobre el nuevo inquilino de San Telmo  A Díaz y Rodríguez les une más el desafecto de su líder que su ideología de izquierdas

El presidente de Vox, Santiago Abascal , aplaude a los militantes y simpatizantes de Vox durante la noche electoral en un hotel de Sevilla. El presidente de Vox, Santiago Abascal , aplaude a los militantes y simpatizantes de Vox  durante la noche electoral en un hotel de Sevilla.

El presidente de Vox, Santiago Abascal , aplaude a los militantes y simpatizantes de Vox durante la noche electoral en un hotel de Sevilla. / Rafa Alcaide (EFE) (Sevilla)

El lunes pasado, desde el AVE en el que se trasladaba a Madrid  para asistir a la primera reunión de la Ejecutiva del PP tras las elecciones andaluzas, Juanma Moreno explicaba a esta periodista que su intención era hablar con todos los  partidos que habían conseguido representación parlamentaria y que  se iba a empeñar en la fórmula que  le parecía la más sensata: un Gobierno de coalición entre PP y Ciudadanos, que haría acuerdos puntuales con Vox y PSOE para apoyar sus iniciativas. A la pregunta de si cedería la presidencia en el caso de que Ciudadanos la exigiera para su candidato Juan Marín, respondió que aún asumiendo que el PP  se había dejado muchos votos en el camino,  era la segunda fuerza superando las expectativas de Ciudadanos y que por tanto Rivera  tendría que comprender que  si conseguía el acuerdo,  debería ser él, Juanma Moreno, el nuevo presidente de los andaluces.

El jueves,  finalizada la recepción con la que concluían los actos de conmemoración del 40 aniversario de la Constitución, un Albert Rivera que acudía a toda velocidad a un estudio de radio en el anexo del Congreso acompañado solo por su director de comunicación, casi chocó con esta periodista. Acababa de ser asediado como  uno de los protagonistas de  esa  recepción multitudinaria  que contó por primera vez con los cuatro Reyes haciendo corrillos con los invitados.  El casi choque apenas duró unos segundos. Tiempo solo para un saludo y una pregunta: ¿Habrá acuerdo en Andalucia? Sí, seguro. ¿Con Marín como presidente? Ya se verá.  Nada que ver con lo que se decía en Ciudadanos hasta el día anterior. Pero es que ese día anterior había ocurrido algo relevante:  una primera reunión entre los secretarios generales de PP y Ciudadanos, Teodoro García Egea y José Manuel Villegas.

La demostración clara de que el futuro del Gobierno andaluz tiene tanto alcance nacional que son los dirigentes nacionales quienes tendrán la última palabra. Como también hay una segunda demostración clara: que Moreno tiene más peso en su partido que Marín, la prueba es que tras media semana de especulaciones  sobre un posible gobierno PP-Ciudanos-Vox  -que provocaba importante rechazo interno en PP y Ciudadanos-  la tesis expuesta por Juanma Moreno es la que se transmitía ya desde Génova, que sin embargo habían pasado días tratando de blanquear la imagen de Vox, un partido populista  de extrema derecha que además se sitúa en algunos aspectos lejos de la Constitución.

Dirigentes del PP compraron desde la misma noche electoral  la reflexión que hicieron varios comentaristas: que los socialistas eran los menos indicados para acusar al PP de aliarse con un partido anticonstitucional, cuando Pedro Sánchez gobernaba gracias al apoyo de cuatro partidos que no respetaban la Constitución: Podemos, PDeCAT, ERC y Bildu.

Las malqueridas

Todo este vaivén de declaraciones, exigencias, anuncios y rectificaciones indican hasta qué punto  el resultado electoral andaluz incide directamente en la política nacional y en la vida interna de los partidos nacionales. El PSOE ha perdido su joya de la corona, su feudo, su principal cantera de votos, su referente territorial, que no conoce más Gobierno en su historia democrática que los socialistas. Nunca, ni en sus peores pesadillas, Pedro Sánchez y Susana Díaz pensaron que pudieran perderlo. Díaz ganó las elecciones –lo que muchos olvidan- pero con un resultado tan precario que no suma suficientes votos con el otro partido de izquierdas, Adelante Andalucía, para mantenerse en San Telmo. Suponiendo que su líder Teresa Ridríguez quisiera ese pacto, porque aunque en campaña negó esa posibilidad, a la hora de la verdad los suyos no le habrían perdonado que con su actitud diera paso a un Gobierno de derechas. 

A estas dos mujeres les une más que su ideología de izquierdas: el desafecto del líder nacional.En el caso de Díaz es tan abierto ese desafecto, que en el PSOE se ha vivido una situación impensable en un partido de larga trayectoria de gobierno: la arremetida de su dirigente nacional, Pedro Sánchez, contra Susana Díaz,  hasta el punto de que desde Moncloa se transmitió la idea de que Díaz debería dimitir por su fracaso y abrir paso a una gestora. La reacción generalizada de los socialistas fue tan contraria a esa idea que el propio secretario de organización del PSOE, José Luis Abalos, ministro de Fomento, tuvo que salir en rueda de prensa para desmentirla. 

Desde las cercanías de Susana Díaz se ha transmitido que no es ella sola la responsable de la pérdida de votos. A pesar de lo que dice el CIS de Tezanos se respira en el aire que el presidente pierde peso cada día que pasa por sus políticas erráticas y por su distinta vara de medir respecto a la corrupción y la falta de ética de sus colaboradores. En cuanto a  Teresa Rodríguez,  ha sido objeto de algunas críticas por parte de la dirección nacional de Podemos, más veladas que las de Pedro Sánchez a Susana Díaz. 

En los dos casos, las dos candidatas  mantienen unas relaciones tensas con sus líderes nacionales, con los que se enfrentaron en distintos momentos. Díaz, en la ya mencionada recepción del jueves en el Congreso, no se mostraba como una política que ha tirado la toalla, ni mucho menos. No va con su carácter y, desde su entorno, se decía días atrás que lucharía por la presidencia pero, si no lo conseguía, sería líder de la oposición, como hizo Vara cuando perdió la presidencia al ganar Monago las elecciones … y recuperó Fernández Vara el Gobierno cuatro años más tarde. El tono de voz de la presidenta en funciones en la recepción de la Constitución  transmitía la idea de que no era esa situación  a la que se  refería cuando decía que iba a seguir peleando, sino a que su pelea estaba centrada en Pedro Sánchez. 

Presidente, presidenta

Vox, que centra las críticas de todos los partidos sin excepción, ha conseguido tan buen resultado no solo porque ha sumado antiguos votos de PP y Ciudadanos, sino también, y en número considerable, de Podemos y del PSOE. El voto de Vox ha sido mayoritariamente contra la decepción que provocan los partidos con los que simpatizaban anteriormente, no porque Santiago Abascal provoque un entusiasmo desbordante.

Los expertos están analizando ya el comportamiento de los votantes de las mesas para hacer la comparativa con las elecciones anteriores,  pero de momento se rumorea que unos 30.000l votos del Psoe podrían haber ido a Vox y unos 10.000 de Podemos,  que se ha presentado con las siglas elegidas por Rodríguez para la formación resultante de su acuerdo con Izquierda Unida: Adelante Andalucía.

Hoy todos los pronósticos apuntan que será Juanma Moreno quien presidirá el nuevo Gbierno andaluz, pero conociendo la energía de Susana Díaz no se puede descartar que encuentre la manera de seguir siendo presidenta, aunque parece difícil. Ganó a Sánchez  hace dos años, luego la ganó él... y en el futuro se verá quién es el ganador del PSOE que salga tras la pérdida de Andalucía. Si se pierde, porque en política nada se puede dar por definitivo hasta que se firmen unos acuerdos y se cumplan.

En el PP ha habido movimientos internos importantes. Es probable que se haga con el gobierno andaluz, pero Casado está perdiendo votos a chorros. Parece que finalmente él mismo se ha dado cuenta de que algo le falla, tanto en sus propuestas políticas como en su equipo y, de momento, ha decidido potenciarlo  con un fichaje inteligente;: el de Javier Fernández Lasquetti como nuevo director de gabinete.

Se ha hecho una lectura simplista sobre el significado de Lasquetti, como una concesión al PP de Aznar y Esperanza Aguirre.  Hay que ir más allá: Javier Fernández Lasquetti es un hombre  con trayectoria, que sabe de estrategias políticas por sus muchos años se estar situado en la primera línea, en la que se toman decisiones.  Será uno de los hombres de Casado sobre el que caiga el peso de neutralizar a Vox, que hoy cosecha  las preocupaciones de todos los partidos.

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