elecciones vox La tormenta y la hidra

  • "Ultraderecha populista" según los expertos, Vox llega al Parlamento andaluz aupado por la abstención y el desgaste del PSOE y de las izquierdas

El líder de Vox, Santiago Abascal, en el Palacio de Congresos de Cádiz durante el pasado septiembre. El líder de Vox, Santiago Abascal, en el Palacio de Congresos de Cádiz durante el pasado septiembre.

El líder de Vox, Santiago Abascal, en el Palacio de Congresos de Cádiz durante el pasado septiembre. / Fito Carreto (Cádiz)

Considerada nombre clave del pensamiento político, Hannah Arendt se dedicó a estudiar los totalitarismos del siglo XX en general y el nazismo en particular –una cuestión que le afectaba de lleno, pues era alemana de origen judío–. Entre otras aportaciones, Arendt desarrolló el concepto de “banalidad del mal”: hasta qué punto, en un sistema determinado, uno es responsable de lo que ocurre por dejación, por inercia, por mirar hacia otro lado. Por creer que un bien mayor ampara nuestros actos. ¿Somos responsables de no afear –por no ser un sieso, por no aguar la fiesta– un comportamiento un poco machista, un poco racista, un poco homófobo, que veamos en una sobremesa, en el trabajo, en el wasap?¿Entra dentro de ese concepto no ir a votar?¿Votar sin saber lo que se vota?

Puntos (algunos) del programa de Vox en las andaluzas. Levantar murallas en Ceuta y Melilla. Devolución de Gibraltar. Derogación del Tribunal Constitucional. Derogación de la Ley de Violencia de Género. Derogación de la Ley Histórica. Defensa de la familia tradicional. IRPFúnico del 21%. Supresión de las cuotas en las listas electorales. Liberalizar el suelo. Exclusión de la enseñanza del islam en la escuela pública. A su lado, el programa de Falange parece el de Greenpeace.

“Nadie se lee los programas electorales de los partidos, sino a quién cree que representa mejor sus intereses o los temas del momento –comenta el politólogo Pablo Simón–. Y los grandes temas ahora eran la corrupción y la unidad de España”.

“¿Programa? Casi medio millón de andaluces han votado a un partido que quiere desmontar Andalucía. Gibraltar español. A los moros los echamos. Muy poca gente ha comprendido cuál era el programa de Vox, por no hablar de su programa económico –desarrolla al respecto, desde la Universidad Pablo de Olavide, el filósofo político Fernando Martínez–. En lo económico, casan con Ciudadanos y, en lo social y cultural, con el PP: han logrado una cuadratura del círculo brutal, y esquizofrénica. Como hacemos en el sur, todo lo absorbemos y le damos la vuelta. Al contrario que Le Pen o Amanecer Dorado, o del proteccionismo de Trump, los de Vox son eurocreyentes”.

A tormenta pasada, todo el mundo es meteorólogo. Cierto es que se daban los condicionantes necesarios para la tormenta perfecta, pero también lo es que nadie supo ver la eclosión del partido de Santiago Abascal. El impacto ha dejado de lado que Ciudadanos se ha hecho con grandes graneros socialistas en la provincia, como Chiclana o Sanlúcar: “Y, sin Vox en escena, Ciudadanos hubiera dado el sarpasso –comenta el politólogo Pablo Simón–. Al haber gobernado juntos, el salto de bloque de uno a otro para el votante es, además, mucho más poroso”.

“Para el PP –continúa–, los resultados andaluces han sido una dulce derrota y, para Ciudadanos, una amarga victoria. Y está claro que Podemos e IU pueden seguir intentándolo todas las veces que quieran, pero la confluencia es un ejemplo de que hay sumas que restan”.

Digamos que, en la tormenta perfecta, hay dos elementos de base fundamentales: por un lado, el desgaste del partido en el gobierno y la pérdida de fuelle de la nueva izquierda; y, por otro, la altísima abstención (41%). Para el catedrático en Filosofía Ramón Vargas-Machuca, este ha sido un factor determinante en el resultado de Andalucía, “y muy expresivo de la fatiga del votante del PSOE. Ante este vacío se impone, a derecha e izquierda, el estilo popular:una forma de hacer política contraria a la democracia liberal”. “¿Qué parecía?–prosigue Simón–. Parecía que el PSOE iba a ganar otra vez e iba a poder gobernar con cierta comodidad. Y el votante se anima si cree ver competencia. La campaña, además, ha sido en tono plano e institucional”.

Fernando Martínez subraya la importancia del discurso: “La construcción narrativa ha girado, en efecto, sobre nacionalismo e inmigración, y los partidos de izquierda han cometido el error de comprar ese marco narrativo –explica–. Si te pones a discutir en el universo de la derecha, va a jugar mejor que tú. La política reciente está siendo una política en torno al imaginario, hasta un extremo en el que la izquierda llega a asumir ideas del neoliberalismo, como la del emprendedor”.

“Para el Partido Popular –abunda Pablo Simón–, la estrategia de permitirse cierta cercanía con los postulados de Vox es pan para hoy y hambre para mañana. Vox va a entrar entre sus votantes de forma más subsidiaria y más fuerte”.

“Inspirándose en Steve Bannon, el estratega de Trump –apunta Vargas-Machuca–, Vox ha venteado un discurso antiélites, con recetas extremistas, algunas de las cuales son brindis al sol o barbaridades, y otras exceden el marco constitucional o contradicen algunos principios democráticos. En Andalucía, Vox ha encontrado el escenario propicio para ello: deterioro del Estado del Bienestar, desempleo, precariedad, inseguridad económica y percepción de agravio en comparación con otras regiones. Como alguien ha titulado –continúa–, estas elecciones han sido la primera réplica del separatismo catalán: quienes desde Ciudadanos señalaron la contradicción del PSOE, han sido muy recompensados por el electorado”.

Y más que lo será: Vox, coinciden todas las voces, ha llegado para quedarse. “Subirá en los sondeos de las nacionales, y vamos a ver con ellos un fenómeno parecido al que vimos en el año 2014 con Podemos”, asegura Simón.

“Se acabó nuestra anomalía virtuosa. Cuando la extrema derecha entra –advierte Ramón Vargas-Machuca–, se produce un corrimiento de posiciones en los partidos de derechas e izquierda, y se da mucho más protagonismo a las políticas de inmigración y a las relacionadas con las identidades en detrimento de la primacía que corresponde a la condición de ciudadanos, y a una ley común que nos reconoce a todos como libres e iguales”.

De nuevo, el discurso. De qué se habla. De qué nos hacen hablar. Y cuánto de verdad hay en lo que escuchamos. Según recoge Maldito Bulo, los principales bulos propagados en la campaña electoral andaluza tenían como protagonistas a inmigrantes musulmanes o a nombres de la izquierda. “Yo soy escéptico respecto a que no exista una corriente de fondo”, opina Pablo Simón. “En cualquier caso, sí que hay una organización estructural potente detrás de Vox: tienen interventores, organizan muchos actos, llenan estadios. Y tampoco es desestimable el hecho de que, durante la campaña, se les haya prestado bastante atención mediática”.

Fascistas... Felicitan a Vox la francesa Marine Le Pen, del antiguo-nuevo Frente Nacional, y el ex líder del Ku Klux Klan. ¿Se les puede llamar fascistas?

“Son ultraderecha populista –indica Fernando Martínez–. No vayamos a pensar que son la única ultraderecha: si coges los estatutos del PNV o de CiU y no los consideras ultraderecha, es un milagro. Las etiquetas no siempre van finas en este país: decir que Susana Díaz no es de derechas es echarle morro al asunto. Y que en Andalucía somos rojos... Aquí lo que somos es pobres. Pobres de solemnidad”.

“Utilizar etiquetas del siglo XX para referirnos a políticas del siglo XXI nos despista mucho –explica Simón–. A Vox lo ubicamos dentro de la llamada nueva extrema derecha o derecha radical populista, que responde a tres grandes principios: son autoritarios;son nativistas (mezclan xenofobia y nacionalismo) y tienen estrategias retóricas populistas. Y los tres están presentes en Vox: es extrema derecha pura y dura”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios