Bienal

La sevillanía de los Campallo

Sangre. Baile y coreografía: Rafael Campallo y Adela Campallo. Dirección artística: Mercedes de Córdoba. Dirección musical: Juan Campallo. Guitarras: David Vargas, Juan Campallo. Cante: Enrique el Extremeño, Jesús Corbacho, Londro. Percusión: Raúl Botella, Javi Silva. Colaboración especial: Mercedes de Córdoba, Begoña Arce, Hugo Sánchez. Artistas invitados: José Antonio Ruiz, Carmen Ledesma. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves 2 de octubre. Aforo: Lleno.

En una época en la que la familia tradicional atraviesa un momento de dura crisis, es alentador ver a tres hermanos con una misma pasión -el flamenco- y compartiendo democráticamente el escenario.

Sangre es el espectáculo que los ha reunido de nuevo, por eso hay mucho de biográfico en él desde el comienzo mismo, aunque poco claro queda, sin embargo, a pesar de su cuidadosa factura, el desarrollo narrativo de la pieza. No queda claro el porqué de algunos elementos escenográficos, como la escalera, ni de dónde vienen o a dónde van sus invitados. Pero, al margen de todo eso, hay dos cosas estupendas en el espectáculo.

La primera es que recupera el baile de dos sevillanos que llevan mucho tiempo luchando por distintos caminos y territorios. Adela, tras algunos años de búsqueda de nuevos lenguajes, vuelve con todo su bagaje técnico y expresivo al baile sevillano tradicional, como demostró no sólo en los caracoles, sino en la seguiriya y en una bonita soleá final que compartió con su hermano, los dos muy bien vestidos de negro, para dejar claro que en el cariño no hay jerarquía posible.

Rafael, por su parte, con una larga trayectoria a sus espaldas a pesar de su cara de niño, nos regaló su buen baile de siempre. Tanto por farruca como por alegrías, derrochó poderío de pies, pero también ese regustito flamenco que aprendió tal vez con Manolo Marín (o quizá lo llevara ya en los genes) que hace que olvidemos su técnica y disfrutemos con sus pequeños remates y con su sentido del ritmo.

El segundo activo de Sangre fue la presencia de unos invitados de primera. Del patio de butacas llegó Carmen Ledesma con un Extremeño vestido que parecía un pincel. Carmen bailó poco, por bulerías, pero sus orondas caderas dejaron testimonio de una manera de bailar que no se ve mucho en estos tiempos.

Y el segundo invitado, realmente de excepción y retirado ya del baile desde hace tiempo, fue José Antonio Ruiz, dos veces director del Ballet Nacional y, entre medias, de la Compañía Andaluza de Danza. Para ésta, en 1998, coreografió junto a Campallo una hermosa coreografía -Golpes da la vida- sobre la soledad de un bailaor mayor que pretende moldear a un joven a su imagen y semejanza para que logre lo que él no pudo. Una versión reducida de este trabajo fue lo que ambos bailaron de nuevo magníficamente anoche, con la complicidad de la guitarra de Juan Campallo, para privilegio de los más jóvenes que no la conocían.

Con esta coreografía, tanto José Antonio, que demostró de nuevo su arte bailando flamenco, como el ya menos joven Rafael hicieron alarde de sus dotes interpretativas y subieron la temperatura dramática del espectáculo.

No obstante, el momento culmen llegaría al final, cuando, estando los tres hermanos -los dos bailaores y el guitarrista- en medio del escenario, suena la voz grabada de la madre cantándoles un emotivo fandango.

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

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