Padre no hay más que uno | Crítica Segura abre nueva franquicia

Santiago Segura dirige y protagonista este 'remake' franquiciado de espíritu 'familiar'. Santiago Segura dirige y protagonista este 'remake' franquiciado de espíritu 'familiar'.

Santiago Segura dirige y protagonista este 'remake' franquiciado de espíritu 'familiar'.

Tiene su gracia que para reivindicar según qué tradiciones de la comedia popular española una vez emancipado (por ahora) de Torrente, Santiago Segura haya tenido que acudir al remake encubierto como colchón de seguridad para su supuesta regeneración como director todoterreno, primero a la cinta chilena Sin filtro para la anaranjada Sin rodeos, y ahora a la argentina Mamá se fue de viaje para este Padre no hay más que uno que podría haber salido igualmente de otra reciente comedia italiana, Diez días sin mamá, a la vista de su fórmula franquiciada de eficacia probada y estereotipos de saldo.

Ahí donde el cineasta retorció hasta la náusea la parodia nacional más casposa, mediática y autoconsciente en la saga del ‘brazo tonto de la ley’, el nuevo y aseado Segura, tal vez apaciguado por la edad, la paternidad y el consecuente conservadurismo financiero (que en su caso siempre estuvo ahí), pretende ahora actualizar y ponerle el 2.0 a aquel viejo núcleo ejemplar del franquismo desarrollista de La gran familia en una comedia amable y blanca que, en sintonía con los tiempos, no plantea más conflictos ni resistencias que los de la diversidad del consumo intergeneracional, una familia mochufera (gracias, Lorenzo, por el feliz hallazgo) separada por la escapada maternal que deja a nuestro padre blandengue al frente de una cándida tropa infantil tan cafre como inofensiva.

Padre no hay más que uno se desarrolla así sin grandes sobresaltos y en mecánica fidelidad al guion en su calculada corrección para todos los públicos (anestesiados), su no menos diseñado reparto de gags y chascarrillos cuñadistas (a costa de los grupos de padres de WhatApp y, milagro, uno a costa del PNV) y en unas impersonales formas que, con la inestimable ayuda-colchón de Roque Baños, confirman que, a pesar de las referencias cinéfilas y de sus evidentes limitaciones como actor, Segura se siente siempre mucho más cómodo apostando por el camino fácil y las maneras reconocibles para su espectador potencial, a saber, el mismo que, mando a distancia en mano, pasa de la programación de Atresmedia a la de Mediaset sin notar la diferencia.