Crítica de Cine

Fantasmas en el espejo

Isabel Ordaz se entrega sin red a su personaje. Isabel Ordaz se entrega sin red a su personaje.

Isabel Ordaz se entrega sin red a su personaje. / d.s.

Asume riesgos esta Todo mujer de Rafael Gordon (La reina Isabel en persona, Teresa, Teresa, Bellos suicidios): fábula sobre la locura y la deriva de una mujer de mediana edad en plena crisis existencial, encerrada en el viejo y solemne palacete entre las murallas de la levítica ciudad de Segovia.

Isabel Ordaz se entrega sin red a un personaje solitario y desplazado que monologa ante el espejo, rememora batallas perdidas y conversa con los fantasmas familiares, su hija, un mendigo enfermo recogido de la calle y, quién sabe, sus contadas amigas y acosadores imaginarios. Todo fluctúa entre la realidad y el delirio, entre la marginalidad social y la promesa de redención, entre la alucinación y la pulsión de muerte.

Todo mujer no aguanta, empero, sus muchos retos metafóricos y estilísticos: la creación y el sostenimiento de un tono, el cansino ritmo de los encuentros, la exploración y la proyección de una psique dislocada y rebelde entre músicas demasiado empáticas y recorridos circulares por un espacio y una ciudad que parecen ajenos al presente. Cine excéntrico y a contracorriente, teatral y alegórico (¡esa piedra suspendida!), pero no por ello menos moroso, plomizo y discursivo.

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