Crítica de Cine

Oposiciones a comedia

Checco Zalone es una gran estrella mediática en Italia, tan grande que no lo conocíamos por aquí, señal inequívoca de que lo suyo es el humor local, el chiste endogámico y autocomplaciente para paisanos y compatriotas (que lo hacen rico a cada nuevo estreno), en una nueva muestra de ese neocostumbrismo de tópicos y estereotipos nacionales-regionales que arrasa en las taquillas de media Europa.

Madrero, gandul, aferrado a su puesto fijo de funcionario, hortera y orgulloso, adulador, mentiroso y algo cobarde, el Zalone de Un italiano en Noruega recorre empleos y destinos aferrado a su estatus y dejando su huella de italiano básico y primario allá donde va, aunque en el proceso vaya comprendiendo que su atraso aún puede domarse y educarse en contacto con civilizaciones superiores y a la luz del amor verdadero.

La cinta de Gennaro Nunziante se reviste de colorines y ese tono amable y liviano de la sitcom al aire libre, trufada de canciones con mensaje o en contrapunto cómico que hagan lucir la banda sonora entre algún que otro logrado gag políticamente incorrecto, casi siempre a costa de inmigrantes y discapacitados, y sobre todo en la primera parte del filme, aún en Italia. El periplo noruego se nos antoja ya insufrible.

La cuestión es dilucidar si la película se ríe del italiano (varón) prototípico o con el italiano (varón) prototípico, si desmonta los estereotipos sobre los que se cimienta su humor o los prolonga, si apela a un espectador despierto o sólo busca el codazo y el compadreo cómplice. Ustedes mismos. Yo sólo recordaría que la comedia italiana tiene una larga, sólida y honorable historia a sus espaldas.

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