Destello bravío | Crítica Escenas de una España extraterrestre

Una imagen del filme de Ainhoa Rodríguez.

Una imagen del filme de Ainhoa Rodríguez.

Gran sensación crítica del reciente Festival de Málaga, donde se ha hecho con dos biznagas (Premio del Jurado y Montaje), Destello bravío hibrida la observación antropológica, la indagación formal, la impugnación patriarcal, el empoderamiento femenino, el humor negro y un particular ramalazo surrealista en un viaje alucinado a esa España vacía que, con el pequeño pueblo extremeño de Puebla de la Reina y las mujeres de su comarca (Tierra de Barros, Badajoz) como protagonistas, bien puede responder a unas formas de vida en proceso de extinción que esta insólita película de Ainhoa Rodríguez captura y trasciende desde el lenguaje experimental para otorgarles una nueva dimensión sensorial, visual y sonora.

Se trata aquí de extrañar la superficie de lo real-documental, de condensar en escenas, cuadros, rostros y situaciones fragmentarias esa vida rural, sus rituales, costumbres, supersticiones, fetiches y desigualdades (de género), destinada a desaparecer con la despoblación o la globalización. Destello bravío otorga así una suerte de vida paralela y fantástica a todas esas mujeres, esposas, viudas, cuidadoras, borrachas, locas, madres e hijas que han padecido la dominación del hombre machista, cazador y depredador, una vida vicaria que les regala el protagonismo pleno y una posibilidad de emancipación y rebeldía en la que, sin renunciar a las raíces y la tradición, poder recuperar el control de los cuerpos y el deseo, conquistar el acento, el lenguaje y el punto de vista sobre los relatos, su propio destino en definitiva.  

Filme de noches de lunas llenas, de farolas y focos de coche que la iluminan, de interiores lisérgicos, texturas pictóricas y encuadres duraderos, Destello bravío también extraña lo visual desde lo sonoro y lo musical (con la electrónica de Paloma Peñarrubia y Alejandro Lévar o las canciones tradicionales reinterpretadas), agujereando constantemente sus relatos apenas esbozados, desplazándose de un personaje a otro para elaborar su particular red de sororidad en la que los hombres aparecen casi como caricaturas para un reality de sobremesa.    

Puede que detrás de la impugnación general del viejo patriarcado rural haya algunos excesos y obviedades en su teorización previa, pero no es menos cierto que el trabajo formal y la mirada de Rodríguez los trascienden para tejer con ellos una tupida red de extrañamiento, ensoñación y fantasía política que hace de Destello bravío una de las propuestas más valientes y singulares del último cine español.