El juicio de los 7 de Chicago | Estreno en Netflix Netflix contra Trump

Mark Rylance y Eddie Redmayne en una imagen de 'El juicio de los 7 de Chicago'.

Mark Rylance y Eddie Redmayne en una imagen de 'El juicio de los 7 de Chicago'.

A escasas semanas de unas nuevas elecciones presidenciales (que crucen los dedos los fans españoles de Biden), Netflix sigue inundando su parrilla con nuevos títulos que se suman a su indisimulada tendencia demócrata o, si lo prefieren, a su decidida campaña anti-Trump como seña de identidad política de la casa.

Para la ocasión, el reputado guionista Aaron Sorkin (Al Oeste de la Casa Blanca, La red social, The Newsroom) recupera un conocido episodio histórico, el juicio contra siete líderes políticos, activistas y personalidades de distintas facciones y grupos de la cultura contestataria celebrado en 1968 después de las revueltas callejeras contra la guerra de Vietnam ocurridas en Chicago durante la convención del Partido Demócrata. Un acontecimiento que reverbera sobre un presente de limitación de libertades cívicas, pervivencia del racismo y persecución política de la disidencia que Sorkin convierte en símbolo de memoria y reivindicación para votantes adormecidos.

A partir de la clásica estructura judicial a lo largo de numerosas jornadas, El juicio de los 7 de Chicago se hace fuerte de nuevo en la habilidad de Sorkin para los diálogos y la palabra como motores de la tensión del relato, un relato construido sobre las vistas, declaraciones y careos, también sobre los debates internos entre los acusados, aunque para conseguir cierta efectividad también sean necesarias las caracterizaciones de época en el límite de un elenco estelar en el que veteranos como Frank Langella, Mark Rylance o John Carroll Lynch tienen barra libre para el despliegue de facultades junto a los conocidos Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen o Joseph Gordon-Lewitt.

La película se sustenta así sobre la dialéctica extrema entre un juez parcial y los abogados y defendidos, incluido el díscolo pantera negra Bobby Seale, una dialéctica de estrado, orden y golpe de maza salpicada de los preparativos y ocasionales flash-backs que reconstruyen, con ayuda del archivo, los acontecimientos que allí se juzgan y el cuestionamiento de la violencia como estrategia de acción revolucionaria.

Sorkin subraya el tono injusto, falsario e incluso caricaturesco del juicio y no da puntada sin hilo en su propósito idealista de elevar la vigencia de su trasfondo sobre el presente, repitiendo lemas que aún resuenan en las calles. A la postre, su patriotismo liberal-progresista de manual se sitúa cerca del de otros compañeros de negocio como Michael Moore, a saber, en la reivindicación de valores fundaciones que tipos como Nixon o ahora Trump han pisoteado en aras de un populismo reaccionario y supremacista. No parece casual que fueran precisamente siete líderes y personalidades blancas los que allí se juzgaron y sentenciaron y los que esta película reivindica como un grupo justo a tiempo antes de echar la papeleta.