On the rocks | Estreno en AppleTV+ El discreto encanto de Sofia Coppola

Rashida Jones y Bill Murray son hija y padre en 'On the rocks', de Sofia Coppola. Rashida Jones y Bill Murray son hija y padre en 'On the rocks', de Sofia Coppola.

Rashida Jones y Bill Murray son hija y padre en 'On the rocks', de Sofia Coppola.

En algún lugar intermedio entre las comedias de Judd Apatow, la autobiografía camuflada y el mejor Woody Allen neoyorquino, la nueva película de Sofia Coppola, que llega directamente a plataformas (AppleTV+) sin pasar por salas, conjuga la comedia romántica y la crisis generacional de una mujer de mediana edad con ese toque de gracia y ligereza realistas al alcance de pocos cineastas, en un tono suave y liviano que camina de puntillas por los grandes asuntos de la vida (urbana, clase media alta, etc.) como si de una pequeña aventura de fin de semana se tratara.

Contribuye mucho a ese tono la presencia icónica de Bill Murray, en una variación madura de su personaje en Lost in translation, padre ideal (¿Francis Ford?), hombre elegante, seductor y maravillosamente chapado a la antigua, que viene a rescatar a su hija, a su pequeña Laura, entre melodías de David Raksin, cenas en restaurantes de lujo, visitas furtivas a pisos con cuadros caros, carreras nocturnas en descapotable e incluso escapadas a México, de sus dudas ante la posible infidelidad de su marido (Marlon Wayans), no casualmente situado en los márgenes del relato.

Porque a la postre, On the rocks es una comedia sobre la doble emancipación de una mujer (extraordinaria Rashida Jones) en crisis, una emancipación de su rol transitorio como madre de familia y esposa entregada y también como hija algo acomplejada de un padre que no terminó de hacer las cosas bien cuando correspondía y al que nunca le dijo lo que sentía.

Coppola deja hacer a sus actores, especialmente a un Murray al que vemos disfrutar como un niño con sus pequeñas morcillas e improvisaciones autorizadas, y filma el otoño y las noches neoyorquinas con esa luz, esos colores y esa melancolía jazzística de las mejores películas de Allen o Ira Sachs. Como de costumbre, la directora de Las vírgenes suicidas y Somewhere nos regala una gran película bajo la apariencia discreta de una película menor. Tal vez ahí reside su gran talento como cineasta.