Bajo el mismo techo | crítica La 'mochufa' no descansa

Silvia Abril y Jordi Sánchez en una imagen de 'Bajo el mismo techo'. Silvia Abril y Jordi Sánchez en una imagen de 'Bajo el mismo techo'.

Silvia Abril y Jordi Sánchez en una imagen de 'Bajo el mismo techo'.

El lector familiarizado con Los asquerosos, la última e hilarante novela de Santiago Lorenzo, tal vez habrá reconocido el término ‘mochufa’ del titular, brillante y sonoro neologismo que define a esa clase media nacional cuñadista y dominguera a tiempo completo encantada de conocerse en su ignorancia orgullosa e inerte.

Se diría que la comedia española contemporánea está hecha a su medida, para lo cual resulta indispensable que el espectador ‘mochufero’ reconozca en pantalla a sus iguales y se ría, condescendiente, con plena identificación, de sus desgracias y batacazos, operación que Bajo el mismo techo realiza con manual de instrucciones televisivo y un flagrante desprecio por todo aquello que el cine haya podido ganarle a los formatos, los modos y la estética de la sitcom baratuna.

Es tan obvia y descarada la copia de aquella Guerra de los Rose (1989) de Danny de Vito que ni siquiera han evitado citarla explícitamente, fuera a ser que algún espectador medianamente cinéfilo se haya colado en la sala con algo de memoria. En efecto, se trata aquí de que una pareja de cincuentones con el nido mochufero vacío se tire los trastos a la cabeza en una escalada de absurdo salvaje con Rotaflex y muros de ladrillo en el salón. De paso, el guion a ocho manos (¡!) aspira a dar sus pinceladas satíricas a la realidad social del nuevo mundo laboral, la burbuja inmobiliaria y la crisis económica, pero no parece lo suficientemente afilado como para que nadie deje de ver y escuchar lo importante: un tosco relato atrapado en inercias retrógradas, estereotipos rancios, machirulismo amable y una misoginia velada que ni Silvia Abril, hoy presentando los Goya, ni Jordi Sánchez, capaz de multiplicarse una y otra vez en el mismo personaje, ni mucho menos la limitadísima Juana Macías (Embarazados), directora del invento, levantan por más que se lo propongan.