Tres idénticos desconocidos | crítica Hermandades truncadas

Es difícil hablar de este documental, ganador de numerosas nominaciones y premios de temporada, sin destripar un poco cada una de las sorpresas, giros y revelaciones que hacen de él uno de esos trabajos impactantes por lo extraordinario y fascinante de su relato, en el límite mismo de lo increíble.

Sobre ese reto de partida, contando con la desmemoria del público de cierta edad (la parte más superficial del caso fue notoria y mediática en su momento, a comienzo de los ochenta, al menos en Estados Unidos) y nuestro desconocimiento del mismo y su posterior desarrollo, Tres idénticos desconocidos reconstruye desde el presente, con un astuto sentido de la dosificación de la información, abundante material de archivo, testimonios en primera persona y manejo de los mecanismos del suspense, un acontecimiento azaroso que reveló, 19 años después de su nacimiento, la existencia de tres hermanos trillizos idénticos que habían vivido cada uno ajeno a los otros dos, después de haber sido entregados en adopción en un proceso salpicado de irregularidades que traspasaban los límites de toda ética en pro de un experimento clínico sobre los factores determinantes en configuración de la identidad.

El documental de Tim Wardle pone así sobre la mesa el perfil íntimo y familiar de estos tres hermanos, posiblemente lo más interesante del conjunto en su deriva de luces y sombras, del ascenso, la notoriedad pública y el éxito a la depresión y la caída; pero también, en un modo algo conspiranoico y pelín sensacionalista, las consecuencias de esas investigaciones secretas realizadas desde ámbitos científicos, que situaban en plena sociedad democrática, libre y avanzada unas prácticas que remiten directamente al nazismo y sus siniestros experimentos genéticos.