Bienvenidas a Brasil | crítica Resacón poscolonial, feminismo festivo

Todo en la premisa y el arranque de Bienvenidas a Brasil apuntaba a una traducción a la francesa del exitoso modelo Resacón en Las vegas pasado por la dinámica de la despedida de solteras y ese feminismo de consumo tan de nuestra era.

Y, en efecto, de eso se trata, a saber, de reunir a un grupo de veinteañeras con ganas de diversión en tierra lejana, un Brasil estereotipado hasta la médula en su retrato de corrupciones, atraso ancestral, playas, bikinis, favelas y samba las 24 horas del día, para desplegar una road movie de huida en sororidad que enarbola su tibio mensaje anti patriarcal y feminista a costa de la caricatura de unos hombres atrapados en su imagen de golfos, depredadores sexuales y preservadores de la estirpe.

Con todo, la película de Patrick Mille se asienta en un extraño ritmo propio que deja respirar las escenas y el trayecto sin necesidad de acelerones y atropellos, dejando que el absurdo se apodere de las situaciones sin dar más gas de la cuenta. Así, en un panorama de revancha justiciera y reivindicación festiva, nos quedamos con los apuntes satíricos contra los rescoldos de la condición postcolonial francesa, sobre todo a través de ese personaje del consulado que encarna el propio director y en el que se concentran y reparten responsabilidades ante el saqueo cultural como alimento para la economía de las ficciones.    

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