'Instinto maternal' | Crítica 'Thriller' asfixiado por el estilo

Una escena de 'Instinto maternal'. Una escena de 'Instinto maternal'.

Una escena de 'Instinto maternal'.

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El realizador Olivier Masset-Depasse, en su segunda película tras Ilegal, parece empeñado en ser un Hitchcock trufado de cine neo-noir posmoderno con marcas de hipertrofia estilística que pueden recordar a De Palma o a Lynch, sin excluir guiños a los melodramas de diseño ambientados en barrios residenciales del cine americano de los 50, o más bien a sus falsificaciones pseudo Douglas Sirk a cargo del Sam Mendes de Revolutionary Road o del Todd Haynes de Lejos del cielo, en la tradición de mostrar las miserias que laten tras las tersas superficies de las clases medias acomodadas. Demasiadas referencias para tan poca película.

Pero pese al recargado y fatigoso ejercicio de estilo, que incluye la decoración, el vestuario y la música, la historia funciona (salvo en su final) como un entretenido thriller belga a la americana (se desarrolla en un barrio residencial de la Bruselas de los años 60) gracias a lo original de su guión basado en la novela Derriere la haine de la prolífica escritora belga Barbara Abel, especializada en novelas de suspense o policíacas en las que los niños, como en este caso o en No sé y Dobles, suelen tener un papel esencial. Y sobre todo gracias a las actuaciones de sus dos intérpretes femeninas.

Dos mujeres amigas y vecinas. Una tragedia que las separa y enfrenta. La sospecha más atroz arraigando en la brecha abierta entre ellas. El problema mayor es que el calculado ejercicio de estilo más bien retro –incluida la sobreabundancia de música sinfónica– dificulta asumir la propuesta de suspense porque resta credibilidad o verosimilitud a la profundización en las tinieblas que rompen la limpia superficie de la vida cotidiana. Pese a las intensas, a veces incluso excesivas, interpretaciones de Anne Coesens y Veerle Baetens.

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