MUERE OLIVIA DE HAVILLAND A LOS 104 AÑOS

El romance entre Olivia y París, su hogar desde hacía décadas

  • La intérprete de 'Lo que el viento se llevó' se instaló en 1953 en la capital francesa y nunca la abandonó

Olivia de Havilland con su flamante Oscar. Olivia de Havilland con su flamante Oscar.

Olivia de Havilland con su flamante Oscar.

Tuvo que ser en el mismo palacete de la rue Benouville que habitaba desde hace décadas donde Olivia de Havilland terminó sus días, marcados por una rutilante carrera cinematográfica y por su pasión hacia París, donde llevaba una vida discreta pero abrazada al buen vivir. A dos pasos del gran pulmón parisino, el bosque de Boulogne, y rodeado por embajadas y legaciones diplomáticas, el "hôtel particulier" (palacete) de De Havilland era un centro de reuniones familiares y punto de encuentro para un selecto grupo de la alta burguesía. "Llegué, vi y fui conquistada": así, parafraseando a Julio César, describió la actriz, fallecida a los 104 años, su relación con su país de adopción en sus hilarantes memorias, Every Frenchman has one.

La dulce Melania de Lo que el viento se llevó desembarcó en esa casa en octubre de 1953, cansada de Hollywood, y nunca más la abandonó. Allí vivía cuando contrajo matrimonio en segundas nupcias con el periodista del Paris Match Pierre Galante, padre de su hija Gisèle. Y allí disfrutó a diario del encanto de Francia sin llegar nunca del todo a dominar su idioma. "Mis amigos parisinos me señalan que mi francés está lastrado por un curioso acento yugoslavo, lo que no tiene ninguna razón de ser", contaba al suplemento Madame Figaro hace una década.

En París aprendió también a hacer renuncias: a los 90 años, prescindió de los zapatos de tacón. Cuatro años más tarde, renunció a una copa de champán diaria: las dejó en solo dos. Aunque siempre huyó de las entrevistas, muy ocasionalmente dejaba entrar a algún fotógrafo en su casa para ser retratada junto a los miembros de su familia o en las clásicas estancias "parisiennes" de la mansión. Y pese a ser una parisina más, hasta el punto de ser vecina del expresidente Valéry Giscard d'Estaing, siempre disfrutó del hecho de ser una extraña entre los franceses, según dijo en sus memorias.

El apartamento parisino donde vivió y ha fallecido De Havilland. El apartamento parisino donde vivió y ha fallecido De Havilland.

El apartamento parisino donde vivió y ha fallecido De Havilland.

En ese magnífico papel de una americana en París, Francia siempre le estuvo agradecida. "Usted ha honrado a Francia por habernos escogido", le dijo el presidente Nicolas Sarkozy en 2010 al imponerle la Legión de Honor en el Palacio del Elíseo. 

En sus últimos años, todavía recibía a amigos en su hogar, respondía personalmente a sus fans, hacía crucigramas y puzles y de vez en cuando veía películas en DVD. ¿Sus actrices favoritas? Meryl Streep y Kate Winslet. Y allí, en la rue Benouville, repasaba las razones que la llevaron a dejar todo y elegir Francia. "La lista de lo que amo en los franceses no tiene fin: su vivacidad, su independencia, su amor por la vida, por la comida y por el vino, y su conversación. El francés es música para mis oídos".

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