Cómics

Dioses y demonios

  • El gallego Miguelanxo Prado es uno de nuestros mejores historietistas, como demuestra una trayectoria sembrada de grandes tebeos

Varias viñetas de la obra. Varias viñetas de la obra.

Varias viñetas de la obra.

Hablando de cómic español, pocas noticias me resultan tan ilusionantes como la edición de un nuevo álbum de Miguelanxo Prado (La Coruña, 1958). El gallego es uno de nuestros mejores historietistas, como demuestra una trayectoria sembrada de grandes tebeos, que comenzó a tomar vuelo cuando Toutain le abrió las puertas de su editorial en la década de 1980. Allí estuvo rodeado de otros jóvenes dibujantes como José María Beroy, Pascual Ferry, Antoni Garcés o Das Pastoras, una generación impresionante que merece mayor atención. Muy pronto, el dibujante saltó a Norma Editorial (les recuerdo que eran los tiempos de la revista Cairo), y ahí sigue desde entonces, seduciendo a los lectores con una propuesta personal y hermosa, alejada de las modas imperantes.

El trabajo de Prado ha merecido numerosísimos galardones, como el Premio Nacional de Cómic en 2013 por Ardalén, los obtenidos en el Salón del Cómic de Barcelona, que incluyen el prestigioso Gran Premio del Salón en 2007 o los premios a la Mejor Obra de autor español por los álbumes Quotidiana delirante (1989), Trazo de tiza (1994), La mansión de los Pampín (2005; también ganó el premio al Mejor Guion) y Ardalén (2013), además de distinciones internacionales como los Alph-Art del Salón de Angoulême por Manuel Montano (1991) o Trazo de tiza (1994), el Max & Moritz al mejor cómic infantil y juvenil en alemán (1998) o el Eisner colectivo que obtuvo en 2004 (casi una década después de haber sido nominado en la categoría de Mejor Pintor) la antología Sandman: Noches eternas, en la que colaboró, junto a otros nombres propios del medio como Milo Manara, Bill Sienkiewicz, Dave McKean, P. Craig Russell y, claro está, Neil Gaiman. Más allá del cómic, el artista ha hecho también sus pinitos en la animación, y en 2006 se estrenó De Profundis, candidata en 2006 a la Mejor Película de Animación en los Premios Goya, escrita y dirigida por Prado, quien también se encargó de la dirección artística y participó en el diseño gráfico y la producción.

A lo largo de su trayectoria, Prado ha manejado diferentes registros, desde la ciencia ficción futurista de Fragmentos de la Enciclopedia Délfica (1983), el humor absurdo de Quotidiana delirante (1987), la poesía urbana de Manuel Montano (1988, con guion de Fernando Luna), la penetrante melancolía y el onirismo de Trazo de tiza (1993) y Ardalén (2012), la aventura adolescente de La mansión de los Pampín (2005) o la denuncia social de Presas fáciles (2016), su anterior álbum. El pacto del letargo es una fábula moral sobre la relación del ser humano con su entorno natural, y (como si de una fantasía del propio Gaiman se tratase) el argumento presenta dioses y demonios que despiertan después de un letargo voluntario para intervenir en el proceso de autodestrucción en el que está sumido el mundo contemporáneo. Dice la editorial que el álbum es el principio de la Trilogía de Trisquel (en referencia al símbolo celta de las tres espirales unidas, que es aquí un misterioso talismán), de modo que tenemos disfrute para rato.

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