Cómics

¡Grítalo!

  • Max se asoma a un imaginario balcón y nos dice a la cara más de cuatro, molestas para algunos, verdades

Detalle de la portada, que se presenta entera en negro sin dibujos. Detalle de la portada, que se presenta entera en negro sin dibujos.

Detalle de la portada, que se presenta entera en negro sin dibujos.

La corrección pública que nos oprime como una faja ha sido puesta a prueba durante los últimos tiempos. ¿Quién se iba a imaginar que, de golpe y porrazo, nos trasladaríamos de cabeza a una distopía que solo habíamos visto en las películas, los libros y los cómics?

Vivimos en una burbuja de confort, por lo que nadie se esperaba tener que interpretar el papel de recluso en su propio hogar, muchos de ellos enclaustrados junto a esos vástagos a los que solo veían cuando les daban las buenas noches. No quieres sopa, ¡pues toma dos platos!

Y claro, como siempre, la mayoría tira de tópicos: “Hemos dado lo mejor de nosotros”; “La solidaridad se ha hecho patente”… y demás frasecillas que parecen sacadas de uno de esos inútiles libros de autoayuda con los que más de uno (y una) se auto engañan.

En fin, que ha sido mucho, y duro, el tener que estar confinados y, sobre todos, muertos de miedo (que levante la mano el que no) ante una situación que nos ha superado a todos…

Es por ello que cuando una mente tan preclara como la de Max, uno de los grandes de la viñeta de nuestro país, se revuelve y pare este manifiesto dirigido a todos creo que es hora de que nos replanteemos muchas cosas, y comportamientos, que hemos tenido y sufrido durante estos tres meses 'entre rejas'.

Todo estoico tiene un límite, y cuando éste se rebasa a saber lo que puede ocurrir, así que preparaos, todos, para recibir un chaparrón de merecidos improperios. Desde aquel que diariamente, para demostrar su 'talento' nos ha agobiado con sus cantos, a veces parecidos a los graznidos de un vencejo; pasando por esos que se ocultaban entre las cortinas, pendientes de que nadie pisara las calles, gozando en soledad del placer del acusica; o machacados diariamente por los actos, insultos y demás de esa casta política oscura, que cada vez que habla es para emitir una vomitona negra como el engrudo…

Tenemos derecho, como Max, a estar cabreados, cansados ya de esta situación que no hemos provocado y, claro está, cada uno se manifiesta de la mejor manera que sabe, así que el autor nos regala una obra breve en extensión pero profunda en reflexión, pese a lo alterado de sus contenidos. Tal vez muchos de vosotros os sonrojéis al sentiros identificados con todos aquellos, y aquellas, a los que el autor se dirige, de frente, mirándolos a los ojos, sin rubor y con la verdad, por mucho que os joda, por delante.

Una obra esta rebozada de fina ironía, que en más de una ocasión nos hará sonreír, al saber que lo que en ella se plasma son verdades como templos y, a lo mejor, a alguno nos hace reflexionar sobre todo este sombrío periodo, esos meses que nunca fueron, por los que hemos pasado.

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