Cómics

Un mundo peligroso

  • En esta cuarta entrega de la serie, la joven protagonista va a conocer el lado más oscuro del ser humano

Detalle de la portada. Detalle de la portada.

Detalle de la portada.

Estoy seguro que cuando erais pequeños, una de las advertencias-consejos que vuestros progenitores os dieron fue la trillada frase “nunca hables con desconocidos”. Pues digamos que esta sentencia ha sido olvidada por Amy, la joven fugitiva que resulta ser el nexo de unión de todas las historias que se nos narran en este auténtico tapiz criminal que es Balas Perdidas y que su creador, David Lapham, lleva tejiendo varios años con genialidad, ofreciéndonos uno de los mejores relatos noir jamás llevados al mundo de las viñetas.

Pero la chica es solo la punta del iceberg. Beth, Scott, Monstruo, Ian, Amalia, Joey, Ricky, Franskenstein, Blue Ed, Ron… Todos estos, y algunos más son los 'planetas' que conforman este especial, y brutal universo.

El deambular de Amy va a hacer que conozca a un tipo la mar de simpático, Ron, un artista que le muestra sus obras en su apartada casa y la encandila con su verborrea. Este será el principio de la principal trama, en la que alejada de su hermana 'postiza' Beth, la muchacha tendrá que arreglársela como pueda dentro de una situación que se escapa a su control y que, por desgracia, implica a su único amigo, el joven Joey, que se dedica a plasmar en un cómic las locas peripecias futuristas de la mayor criminal de todos los tiempos, Amy Racecar, alter ego imaginado.

Pero claro, con la estructura que ya conocemos de “vidas cruzadas” que caracteriza a este cómic, las tramas se entrelazan entre sí, implicando a Ian, el joven que trata de ayudar en todo lo posible a Beth, que junto a Amalia y Ricky han llegado a un punto en el que ya no pueden ocultarle más la verdad a Monstruo, que los espera en la calle, mientras el trío agota la paciencia de los camareros de un restaurante chino…

¿Y Bobby, el pobre chaval que padece un retraso, cuál es su papel en todo este embrollo? En primer lugar seremos testigos de lo peligroso que puede resultar dejar a un criminal como Spanish Scott ejerciendo las labores de baby sitter… Y sí, en uno de esos saltos temporales a los que nos tiene acostumbrados Lapham, vamos a ver como Bobby y Amy van a compartir una peripecia (y espacio) de lo más incómoda, que termina, cómo no, con un fuerte estallido de violencia.

La Cúpula completa con este cuarto volumen la recopilación y reedición de esta magna obra enmarcada dentro del género criminal, enlazando con el tomo quinto y, en un futuro cercano, será publicada la sexta entrega, que en su edición norteamericana, dentro de la editorial Image, lleva el título de Killers.

Y sí, la serie sigue hacia adelante, aunque en los últimos meses, la pareja formada por Maria y David Lapham se han tomado un pequeño “descanso” para dar un salto a otro sello yanqui, en este caso IDW Publishing, para crear al alimón la miniserie de cuatro números titulada Lodger, que como no podía ser de otra manera se enmarca dentro de los territorios del relato negro y que nos presenta una historia de venganza a través de la geografía de los Estados Unidos.

Pero mientras tanto, quedémonos con el contenido de Días negros y disfrutemos de una obra que roza la maestría, en la que el talento como narrador de David Lapham, como si de una inmensa e imaginaria coctelera se tratara, mezcla con acierto las vidas de sus protagonistas, siempre al borde del abismo.

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