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  • El Hombre Araña protagoniza el tomo de éxitos de Marvel de la primera década de los 2000, fuertemente marcada por el impulso en el cine

En primera planaEl Hombre Araña de los 2000. En primera planaEl Hombre Araña de los 2000.

En primera planaEl Hombre Araña de los 2000.

Acaparando titulares es el penúltimo volumen de la serie Décadas, que ha venido repasando la producción de Marvel a lo largo de sus ocho décadas de vida. En esta ocasión, se trataba de seleccionar un puñado de episodios de los primeros años del presente siglo, un periodo de modernización y puesta a punto de la propuesta de la Casa de las Ideas; propuesta que, por otra parte, acabaría alcanzando un eco inusitado gracias al cine. Como explica Jess Harrold en su introducción: "El éxito de X-Men en 2000 en la gran pantalla y de Spider-Man en 2002, demostró el potencial de nuestros héroes para conquistar un medio completamente nuevo para ellos. Y para el final de la década, el fenómeno de taquilla de 2008 Iron Man, prepararía lo que se conocería desde entonces como el Universo Cinemático Marvel". Al mismo tiempo, y a raíz de los atentados del 11-S, una ola de realidad inundó los cómics de superhéroes, un género eminentemente escapista, pero muy acostumbrado a reflejar (a su manera) las situaciones sociopolíticas.

Con estas cuestiones en mente, la selección se abre con el número 1 de Ultimate Spider-Man (2000), de Brian Michael Bendis y Mark Bagley, es decir, la reinvención del icono por excelencia de Marvel de cara al nuevo siglo. El trabajo de Bendis y Bagley, que acabarían colaborando en la cabecera durante la friolera de once años, es un buen ejemplo de cómo se puede tender al futuro sin olvidar el pasado, toda vez que refleja una de las modas formales del periodo: la narrativa descomprimida, según la cual la anécdota argumental más simple puede desarrollarse durante páginas y páginas. También los mutantes, la otra gran franquicia con que Marvel encaraba el año 2000, está bien representada en el tomo: se incluyen el segundo número de Origin (2001), la miniserie de Paul Jenkins y Joe Quesada sobre el oscuro pasado de Lobezno, y el primer número de Astonishing X-Men (2004), de Joss Whedon y John Cassaday, un tebeo espléndido de sabor clásico, claramente inspirado en el modelo popularizado por Chris Claremont.

En estos años, Los Vengadores se convirtieron en el núcleo de Marvel, y demostraron ser el vehículo ideal para la mímesis cinematográfica, con la espectacularidad como bandera y ese formato de viñeta apaisada sobre fondo negro que se dio en llamar widescreen. De este palo, sumando ciertas reflexiones políticas, se incluyen el número 1 de The Ultimates (2002), de Mark Millar y Brian Hitch, y el 2 de Civil War (2006), también de Millar, esta vez con Steve McNiven. La política salpica también el resto de historietas del volumen, que se completa con el número 1 de la soberbia miniserie The Truth: Red, White & Black (2002), de Robert Morales y Kyle Barker, con el racismo gubernamental como telón de fondo; el 25 de Captain America (2007), de Ed Brubaker y Steve Epting, en el que la muerte del superhéroe sirve como metáfora de la muerte del sueño americano; y el 583 de The Amazing Spider-Man (2009), de Zeb Wells y Todd Nauck, en el que Spiderman se encuentra con el mismísimo Barack Obama.

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