Anagrama cumple medio siglo

Jorge Herralde, el último mohicano, hace balance de sus 50 años de oficio

  • El fundador y alma de Anagrama, que también celebrará este año su medio siglo, publica el libro de memorias 'Un día en la vida de un editor'

Jorge Herralde (Barcelona, 1936), este martes en la sede de la editorial Anagrama. Jorge Herralde (Barcelona, 1936), este martes en la sede de la editorial Anagrama.

Jorge Herralde (Barcelona, 1936), este martes en la sede de la editorial Anagrama. / Marta Pérez (Efe)

Jorge Herralde, considerado como el último mohicano de la edición independiente, hace balance en su último libro, Un día en la vida de un editor, de sus 50 años de editor, en los que, como ha dicho este martes en la presentación, ha apostado por "la política de autor" y por América Latina. En una concurrida rueda de prensa, Herralde ha definido este martes su libro como "un viaje por el mundo de la edición, de los autores, de los libros, de la lectura".

A sus futuros discípulos, el fundador y alma de Anagrama les deja un consejo: "Si se sienten editores de verdad, les pediría que se lanzaran, que desoyeran todas las voces contrarias y se prepararan para la maratón". Aunque en el libro no todo es literatura. También aparece la política, como cuando, ha explicado, "la censura franquista hizo que Anagrama fuera la editorial más represaliada o la época del siniestro Aznar, que intentó abolir el precio fijo, que hizo que tanto en Barcelona como en Madrid se levantara todo el sector y lograra tumbar un proyecto que habría sido letal".

"Despertar y compartir entusiasmos es una de las tareas del editor", ha subrayado Herralde, para quien el gran reto de su oficio consiste en que el lector confíe en el catálogo, que "cuesta muchos años de hacer, pero es muy fácil de destruir".

No faltan los conflictos entre las editoriales independientes y los grandes grupos y sobre este eterno conflicto Herralde tiene clara la diferencia: "El editor independiente busca la excelencia, como también pasa con Acantilado o Siruela, y en el otro lado están los grandes grupos, cuya naturaleza intrínseca es publicar según la moda, un poco como Ciudadanos, que actúa según las encuestas".

Preguntado por aquel autor al que le habría gustado publicar, Herralde, "sin ánimo de plañidera", ha confesado que le habría gustado editar a Jorge Luis Borges, a quien persiguió en vano. "Borges no estaba esperando a que Anagrama comenzara a editar. He podido sobrevivir a este trauma", ha bromeado.

Tener una tuberculosis a los 22 años, que le permitió estar leyendo durante un año como un poseso, marcó su futuro como editor, ya que mejoró su francés, descubrió a Sartre y se convirtió en "un joven burgués politizado y con mala conciencia", que combatió luego "editando muy frenéticamente y de manera kamikaze como terapia".

"La naturaleza intrínseca de los grandes grupos es publicar según la moda, un poco como Ciudadanos, que actúa según las encuestas"

El socarrón Herralde se ha referido también a la imposibilidad de que los grandes grupos editoriales puedan construir un gran catálogo: "No lo construyen, lo compran", y en este punto han surgido algunos nombres de autores otrora emblemáticos del catálogo de Anagrama pero que abandonaron a Herralde. Entre ellos están Ignacio Martínez de Pisón, Enrique Vila-Matas o Paul Auster, a los que en estas memorias ha conseguido referirse "sin rencor, casi". "Son incidentes que pasan, y más aún en estos tiempos de mercado desatado; y es casi milagroso que haya pasado tan poco", ha añadido.

Sin embargo, el editor barcelonés distingue entre esta suerte de "traidores" por sus formas y recuerda por sus "buenas formas" y educación las explicaciones que le dio John Banville, después de que Anagrama fuera una de las dos únicas editoriales extranjeras que lo continuaron publicando en sus horas bajas, antes de ganara el muy prestigioso Premio Booker.

Niega sin embargo Herralde que en sus libros haya ajustes de cuentas, pese a que podría haber algunos "suculentos", ha reconocido, recordando que en los archivos de Anagrama se conserva una abundante correspondencia entre el editor y sus autores.

En ese repaso histórico, Herralde no olvida a los cinco autores y amigos que ya no están, Roberto Bolaño, Ricardo Piglia, Carmen Martín Gaite, Rafael Chirbes y Sergio Pitol, que para él "condensan lo que significa la política de autor, construir una carrera desde los inicios difíciles hasta el triunfo y el momento de gloria", o al "british dream team" que forman Ian McEwan, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro o Martin Amis, hoy muy leídos en España pero cuyos libros, en su momento, "tardaron diez años en ir bien en las ventas".

Dado que el libro acaba en 2010, Herralde ha querido apuntar que faltan en sus páginas "autores significativos, que son excelentes descubrimientos", como Marta Sanz, Sara Mesa, Milena Busquets, Miguel Ángel Hernández, Juan Pablo Villalobos o Luis G. Martín.

Con Un día en la vida de un editor Herralde da un pistoletazo a la conmemoración del 50 aniversario de Anagrama, que continuará con la publicación de los 50 títulos más emblemáticos de su historia en la colección Compactos, a partir de una selección hecha por libreros, o la convocatoria del Premio Crónica en honor a Sergio González, que se fallará en la FIL de Guadalajara en el mes de noviembre.

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