La ceguera del cangrejo | Crítica La fauna canaria engancha

  • Siruela publica una novela negra en la que el escritor grancanario Alexis Ravelo sale de su zona confort y cambia Las Palmas por Lanzarote

El escritor canario Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971). El escritor canario Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971).

El escritor canario Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971). / EFE

Un militar que viaja a Lanzarote siguiendo los pasos de su novia, fallecida en un extraño accidente, es el punto de partida de La ceguera del cangrejo, una novela negra que supone un paso más en la carrera de Alexis Ravelo. Este excepcional narrador canario es un especialista en retratar los bajos fondos de su ciudad, Las Palmas. Su caterva de personajes perdedores, borrachos, insatisfechos e inconformistas es digna del mejor escritor del gótico sureño americano, si no fuera porque Ravelo recurre a menudo al humor y deja abierta una pequeña puerta a la esperanza en un mundo mejor en sus libros. La estrategia del pequinés o la serie de novelas protagonizadas por el ex marino mercante metido a detective Eladio Monroy son buena muestra de ello. Y son, además, novelas extraordinariamente divertidas.

Ravelo es un escritor prolífico. No sólo se dedica al género criminal, también ha escrito bastante literatura juvenil, una novela sobre la Guerra Civil en Canarias titulada Los milagros prohibidos y otra más díficil de clasificar, en la que juega con la fantasía y la metaliteratura, que lleva por título La otra vida de Ned Blackbird. En La ceguera del cangrejo vuelve a la novela negra pero abandona el submundo en el que tan a gusto se encuentra.

Como diría un entrenador de atletismo, o un psicólogo motivador, sale de su zona de confort. Y sale también de su hábitat natural. Deja el lumpen de Las Palmas de Gran Canaria y se traslada a la isla volcánica de Lanzarote, donde transcurre toda la trama. Y no parece acusar el esfuerzo. No es como esos corredores novatos que aguantan menos de un kilómetro con el higadillo en la boca, sino que se mantiene a buen ritmo a lo largo de toda la novela.

Eso sí, aunque la obra no esté inmersa en esos bajos fondos de Las Palmas que el autor conoce, o al menos imagina, tan bien, no faltarán en ella investigadores torpes, matones de tres al cuarto, tipos con cierta afición a la pendencia, borrachos y conspiranoicos. Aunque el protagonista está sólidamente construido, un militar roto de dolor por la muerte de su mujer y al que el Ejército no dio permiso siquiera para ir al entierro, la galería de secundarios es, como siempre en Ravelo, espléndida.

La muerta es una investigadora que está realizando un libro sobre la figura de César Manrique, artista conejero (término aprendido con la lectura de esta novela) que alcanzó fama mundial. Ravelo homenajea a Manrique en su libro, desplaza la trama a los distintos escenarios relacionados con la obra del artista y repasa la carrera del mismo, incluida su lucha contra la corrupción y los que querían hacer de Lanzarote un complejo turístico lleno de hormigón con el que atraer en masa a los turistas del todo incluido. Se llega uno a cuestionar incluso si la muerte del artista (cualquiera puede consultar la Wikipedia) no fue accidental, aunque es algo que el autor termina dejando claro.

Pero se sirve de ella para alimentar una trama que se va enredando tras una primera parte algo estancada, y acaba bien resuelta, con uno de los pasajes más brillantes del libro en el momento final. Ravelo utiliza muchos términos canarios que enriquecen su literatura. Y uno sabe desde la primera línea que el protagonista, el sargento Fuentes, se va a cargar a alguien con una navaja, aunque, claro está, no dice a quién. Así que uno juega durante todo el libro a tratar de averiguar cuál de los secundarios que pululan por la obra va a probar el acero de su navaja.

La ceguera del cangrejo es una buena opción para este verano, para leer en la playa. Su lectura es ágil, con capítulos cortos y buenos diálogos. Se echa en falta algo de humor, tan presente en sus obras anteriores y no por ello menores. Aquí hay un protagonista desolado y obsesionado con encontrar la verdad de lo que le pasó al amor de su vida.

El libro puede también utilizarse como guía para cualquiera que quiera visitar Lanzarote y conocer los principales lugares relacionados con César Manrique. El título, La ceguera del cangrejo, hace referencia a la fauna presente en uno de ellos. Ravelo es muy amigo de incluir animales en sus títulos. Lo hizo con su novela más conocida hasta la fecha, La estrategia del pequinés, y lo hace ahora. Su fauna canaria engancha y atrae.

Como sus últimas obras, La ceguera del cangrejo está editada por Siruela. Forma parte de la colección de novela policíaca de esta editorial, que se ha convertido en uno de los referentes del género en España. Ravelo es ya uno de los punteros en literatura criminal. Otro es Domingo Villar, del que Siruela sacó hace unos meses El último barco. Y desde hace unos años, el mismo sello viene editando las novelas de Rosa Ribas y Sabine Hofmann protagonizadas por la periodista Ana Martí, que son un interesante retrato de la Barcelona franquista.

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