El libro negro | Crítica Los amantes del riesgo

  • El periodista Ernesto Ekaizer elabora un auténtico relato económico de terror sobre cómo la banca nos llevó a todos al abismo en el 'crack' de 2008

Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid que se suicidaría años después, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en 2009. Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid que se suicidaría años después, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en 2009.

Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid que se suicidaría años después, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en 2009.

Hay un momento en este relato intenso, agotador, en el que unos funcionarios del Banco de España llamados como testigos tratan de explicar al juez Andreu, encargado de instruir el caso de la salida a Bolsa de un Frankenstein construido a partir de siete cajas de ahorros en quiebra, que el lenguaje bancario no es para los mortales. Es decir, la prestidigitación de por qué un banco que no era un banco hasta hace tres días valía nada menos que 15 euros por acción, pero podía salir a Bolsa por tres euros por cada acción y venderse como una exitosa operación.

Complicado.Tan complicado como explicar que cada parte orgánica de ese Frankenstein, cada una de esas siete cajas en quiebra, habían perdido en su suma un patrimonio entre 2007 y 2010 de 9.207 millones de euros, pero aún así, el presidente de todas ellas, Rodrigo Rato, nombrado en una designación política cuyo último dedo designador había sido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lucía una sonrisa que daba gusto verla delante de una campanilla. No era para menos.

Sostiene El libro negro, de Ernesto Ekaizer (Buenos Aires, 1949), que estaba vendiendo un montón de chatarra al mercado de valores con el consentimiento de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España. Oh Dios, si no confiamos ni en la CNMV ni en el Banco de España, qué será de nosotros.

Ekaizer, que ya fue igual de prolijo a la hora de contarnos en los 80 el escándalo Rumasa o, posteriormente, por qué Mario Conde era lo que era, no tiene la agilidad ni la capacidad didáctica que mostró Matt Taibi en el mejor libro periodístico sobre el crack de 2008, Cleptomanía, pero sí es capaz de transmitirnos inquietud y la misma conclusión que alcanzamos con la apasionante lectura de Taibi: todo es mentira. La contabilidad bancaria, simplemente, es un truco.

La historia de por qué, como dice Ekaizer, nos falló el Banco de España, por qué los bancos nos llevaron al abismo, es muy sencilla. El negocio bancario pivota sobre un único fundamento: el riesgo, es decir, la posibilidad de un contratiempo. No hay ciencia alguna en un banco, sólo una capacidad de adivinación del futuro. Cuando prestas dinero, que es la tarea fundamental de un banco, debes tratar de averiguar si al tipo que se lo prestas te lo va a devolver. La tarea de los bancos emisores consiste en vigilar que los tipos que prestan dinero que no es suyo (recordemos que los bancos no prestan su dinero, sino el de otros) no se les vaya la cabeza. Para ello cuentan con reglas de los Gobiernos que les dan potestades para apretar las tuercas al que se le vaya la olla.

Portada de 'El libro negro'. Portada de 'El libro negro'.

Portada de 'El libro negro'.

Las políticas de Thatcher y Reagan en los 80, basadas en teorías de economistas con varios premios Nobel, consistió en decir eh, el mercado sabe lo que hace, nunca hace tonterías, son chicos listos. Vamos a fiarnos de ellos. En esa sabia libertad cimentó el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan su prestigio. Es lo que conocemos como desregulación.

Y los tipos que prestaban dinero, cogieron dinero de todas partes, incluso de lugares donde no lo había, como esas hipotecas concedidas a quienes –seguro– no podrían devolverlas, para inventar una alquimia explosiva. Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el nefasto gobernador del Banco de España que ocupaba el trono del número 48 de la calle Alcalá en el momento menos oportuno, era un admirador de Greenspan.

Es importante leer este larguísimo reportaje porque profundiza en cómo un grupo de nuevos ricos contribuyó a hundir un país. Cómo algunas cajas de ahorros, dirigidas por analfabetos financieros que provenían de la política, alimentaron la fiebre que llenó España de grúas.

La burbuja es un concepto conocido por todos, pero Ekaizer, a ratos farragoso, a ratos brillante, ayuda a comprender la estupidez de cómo se sopló esa burbuja por personajes abiertamente estúpidos. E incluso cómo los listos de la clase se quedaron por un euro con lo que destrozaron los más tontos y, además, metieron en su cuenta de resultados ganancias que no eran otra cosa que dinero de todos, ayudas públicas encubiertas. Es espeluznante comprobar cómo rescatar a la banca de los disparates de sus días de vino y rosas no nos costó a los españoles lo que pensamos, sino cinco veces más.

Y si hay que quedarse con una joya tras la lectura de este esclarecedor libro es el momento en que el euro se salva de chiripa. Cómo Mario Draghi, en una rueda de prensa, habla con determinación de un plan que en realidad no tenía, y eso salva por la campana a Rajoy a De Guindos (el personaje de Guindos en este libro roza lo cómico, alegra la lectura) de una atenización y Rajoy se erige en el hombre que salvó a España del rescate sin saber ni él mismo cómo. Divertidísimo episodio.

Si el riesgo es una palabra clave de la actividad bancaria , la otra es la confianza. Ni una ni otra tienen nada de matemáticas. Y con la confianza se pueden hacer grandes cosas. Como lo que hizo el Banco de España con nosotros. Por confiados.

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