Hablo todas las lenguas, pero en árabe | crítica La hendidura del lenguaje

  • En estos ensayos del escritor marroquí Abdelfattah Kilito se vuelve a tratar una de las grandes cuestiones que atraviesa su obra: la traducción, el traductor, el bilingüismo, y el modo en que las diversas lenguas se contaminan, se enriquecen y se influyen

Abdelfattah Kilito Abdelfattah Kilito

Abdelfattah Kilito

El título de estos ensayos proviene, como nos recuerda Kilito, de los Diarios de Kafka, donde un artista confiesa: "hablo todas las lenguas, pero en yiddish". De aquí se podría extraer una historia de la Europa, de la Mitteleuropa de entreguerras en la nacen Meyrink, Roth y Leo Perutz. Pero también una idea de la opacidad, de ese fondo irreductible y vivo que nutre cada lengua, y que obliga a una constante aproximación entre ellas. Ambos asuntos son los que aborda el marroquí Abdelfattath Kilito en esta magnífica colección de ensayos, que abundan en un tema central de su obra: la traducibilidad, el influjo, la impureza, no sólo de las diferentes lenguas, sino las propias culturas que, temporalmente, las habitan.

A diferencia de sus mentores literarios, Barthes y Derrida, Kilito es pausada y elegantemente claro.

Kilito parte, pues, de su doble condición de francófono y lector en árabe para establecer, tanto su consideración de escritor concreto, hijo de una circunstancia y un época, como esa vía misteriosa, universal, por las que las lenguas, al tiempo que revelan la huella del Otro, se hacen entender a la sombra de una Babel milenaria. A diferencia de sus mentores literarios, Barthes y Derrida, Kilito es pausada y elegantemente claro. También en cuanto concierne a este fondo ilustrado, cosmopolita, donde la traducción se inserta y reobra su magia. Las páginas dedicadas a Las Mil y una Noches, y a la propia figura de Galland, cuya traducción es, en buena medida, una obra original del XVIII europeo, son de una sutil perspicacia. Borges, como sabemos, insistió en esa parte adversa y equívoca del traductor, de Galland al capitán Burton, que oculta un carácter, una singularidad, un fondo berroqueño que el traductor ignora. Kilito, sin embargo, no otorga esa preeminencia decimonónica a lo genuino.

Lo que parece interesarle a Kilito es, de algún modo, lo contrario. Si se me permite la cita, cabría adjudicar a Kilito aquellas palabras de otro amante de las imaginaciones árabes, el gallego Álvaro Cunqueiro: "Uno quisiera saber chino, y árabe, y gaélico, y ver en los poemas de todas las lenguas los sueños de todos los hombres". Que así sea.

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