El Reino y el Jardín | Crítica El paraíso posible

  • El filósofo italiano Giorgio Agamben emprende en este ensayo una inteligente y apasionante relectura del concepto de paraíso terrestre

El filósofo Giorgio Agamben (Roma, 1942). El filósofo Giorgio Agamben (Roma, 1942).

El filósofo Giorgio Agamben (Roma, 1942). / D. S.

El paraíso terrestre, el jardín de Edén plantado por Dios, ha sido un tema literario recurrente, aunque también un asunto de debate filosófico y teológico que lleva abierto dos mil años. La historia de la humanidad puede ser entendida como la historia de una expulsión y su meta última el reencuentro de ese lugar en el que retornar a la edad de la inocencia. Puede que el hombre haya perdido para siempre ese lugar privilegiado en el que alguna vez disfrutó, aunque fuera por un brevísimo periodo de tiempo, de la posibilidad de participar de la naturaleza divina. Pero nunca hemos dejado, sin embargo, de cuestionarnos sobre los motivos y consecuencias de esta absoluta y funesta privación.

En El Reino y el Jardín, el filósofo italiano Giorgio Agamben emprende, desde el análisis minucioso, pero también desde el estudio de las fuentes artísticas, una inteligente y apasionante relectura del concepto de paraíso terrestre que nos remite a los fundamentos de la naturaleza humana y nos reconcilia –o no– con la posibilidad de reconocernos como hombres íntegros capaces de acceder a ese espacio de felicidad del que secularmente hemos sido expulsados.

El Jardín de Edén es el lugar de la felicidad, pero también el paradigma de la negación de esa felicidad. Es el lugar del que el hombre ha sido desterrado, y esa destitución da forma a su propia identidad. El ensayo del filósofo italiano parte de un elemento concreto: El jardín de las delicias de El Bosco, reinterpretado a partir de los comentarios de Wilhelm Fraenger, que ofrece una nueva visión del famoso tríptico puesto en el contexto de la "secta herética del Libre Espíritu" a la que pertenecía Jacob van Almaengien, quien lo había "comisionado e inspirado".

Agamben realiza un minucioso recorrido por las fuentes teológicas y bíblicas que sustentan diferentes concepciones del paraíso terrenal y asume la crítica exhaustiva de la doctrina agustiniana que da forma a conceptos que han pervivido como parte inherente a la condición humana. Entre ellos, y por encima de todos, el de pecado original, piedra angular que sustenta el potente edificio de la Iglesia y sus sacramentos, su "economía de la salvación".

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro. / D. S.

El autor reflexiona sobre las implicaciones sociales e históricas de las diferentes concepciones del "Jardín en Edén que, a pesar de estar presente desde el inicio en una posición eminente en la reflexión teológica, ha sido tenazmente colocado en los márgenes de la tradición de pensamiento de Occidente", mientras que "el Reino, con su contraparte económica-trinitaria, no ha dejado nunca de influenciar las formas y las estructuras del poder profano". Esta influencia del Reino en las estructura de poder pervive, según Agamben hasta nuestros días y, citando a Walter Benjamin, recuerda cómo en "la idea de una sociedad sin clases Karl Marx ha secularizado la idea del Reino mesiánico".

Con brillante intuición, Agamben introduce en este ensayo un potente elemento que supone un punto de inflexión en su "sumaria genealogía". Se trata de su esclarecedora relectura del paraíso dantesco, un paraíso terrenal que "es la negación del paraíso de los teólogos" y llama la atención sobre el hecho de que "a pesar de esa evidente y perentoria contrariedad, se continúe interpretando a Dante a través de Tomás y de la teología escolástica –lo que confirma, si hubiese necesidad de hacerlo, el hecho de que nada hace más oscura e ilegible una obra que su canonización".

Pese a su exhaustivo recuento de las teorías posibles, Agamben da carta de naturaleza a la interpretación literaria que Dante hace del Jardín edénico y confiere un papel primordial a la imaginación y a la intuición poética para configurar una certera y crucial respuesta a la cuestión que trata de dilucidar.

La visión aportada por Agamben reconcilia la secular disyuntiva entre el Jardín y el Reino. "Sólo el Reino da acceso al Jardín, pero sólo el Jardín hace posible el Reino", formula el autor. El paraíso, el Jardín de Edén, nos es un territorio pasado, del que el hombre fue expulsado, ni futuro. Para el filósofo italiano, El Jardín y el Reino "resultan de la escisión de una única experiencia del presente y que en el presente pueden unirse de nuevo". El autor concibe el paraíso como la imagen presente de la naturaleza del hombre, como la posibilidad vigente de que el género humano viva en un espacio de justicia y bienestar.

En El Reino y el Jardín, Agamben pone en el centro al hombre completo, exento de la ruptura que supone asumir la existencia de ese pecado primigenio que nos aparta inevitablemente del bien y de la felicidad: "Se accede a la naturaleza humana sólo históricamente a través de una política, pero ésta, a su vez, no tiene otro contenido más que el paraíso –es decir, en palabras de Dante, la beatitud de la vida".

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