Tenis Los malos resultados de Muguruza acaban con la ruptura con su entrenador

  • La derrota de la española en la primera ronda de Wimbledon acarrea la desvinculación de la tenista con el técnico francés Sam Sumyk.

Muguruza, en un partido en Wimbledon Muguruza, en un partido en Wimbledon

Muguruza, en un partido en Wimbledon / EFE

La derrota en la primera ronda de Wimbledon ante la brasileña Beatriz Haddad Maia, 121 del mundo, ha tenido rápida repercusión en el futuro de la tenista española Garbiñe Muguruza, que ha anunciado en sus redes sociales este martes que rompía su relación con el técnico francés Sam Sumyk.

"Unas palabras para anunciar el fin de una Extraordinaria aventura. Dos Grand Slams y número uno Mundial. Más que agradecida por estos 4 años. Gracias Sam", ha dicho Garbiñe, que tras perder en Wimbledon reaparecerá en el circuito en el torneo de San José del 29 de julio al 4 de agosto, previo al US Open.

"No jugaré una temporada, dejaré la raqueta un rato y me tomaré unos días de descanso", dijo Muguruza al sufrir la segunda derrota en Wimbledon en primera ronda, su peor resultado con Sumyk en el Grand Slam.

"Cuando sienta las ganas de volver a jugar, pues jugaré. Hablo de un parón de momento. Mi idea es seguir jugando torneos, pero es cierto que al perder tan rápidamente te da tiempo para el siguiente torneo de descansar y recuperar esta mala sensación", añadió Garbiñe entonces, que se negó a comentar posibles sustituciones. "No quiero hablar de esto", comentó.

Garbiñe fichó a Sumyk, ex entrenador de la bielorrusa Victoria Azarenka, de la rusa Vera Zvonareva, y de la canadiense Eugenie Bouchard, en septiembre de 2015, traído por su representante de IMG Olivier van Lindok, justo antes de aquel Abierto de EEUU.

Desde aquella fecha, la jugadora nacida en Caracas ha logrado seis de los siete títulos que figuran en su palmarés. El primero en Pekín (2015), a los que siguieron Roland Garros (2016), Wimbledon y Cincinnati (2017), y Monterrey (2018 y 2019).

En el Wimbledon que ganó hace dos años, pieza importante fue Conchita Martínez, ahora entrenadora de Pliskova, que tomó circunstancialmente el puesto de Sumyk, porque el técnico tenía un problema familiar y debía permanecer en su residencia de Malibu (California).

Con Sumyk a su lado además alcanzó la final de Doha el año pasado y fue número uno del mundo el 11 de septiembre de 2017, estando al frente de la WTA durante cuatro semanas.

Ahora ocupa el puesto 27 del mundo, el puesto más bajo con Sumyk, que ha estado en Wimbledon con Garbiñe, aunque Muguruza ha estado ayudada en pista también por la capitana del equipo español de Copa Federación, Anabel Medina, dispuesta siempre a colaborar con todas las españolas que han participado en este Grand Slam.

Con el español Alejo Mancisidor había logrado su primer título en Hobart en 2014, además de las finales de Wimbledon y Wuham en 2015 y la final de Florianópolis en 2014.

Sus continuas desavenencias en pista con Sumyk, captadas por las cámaras de televisión, delataron desde el principio el contraste de caracteres entre ambos. "Que te jodan", fue el abrupto que le llegó a espetar el francés a Garbiñe el año pasado en las semifinales del WTA Elite Trophy, de Zhuhai, Master B del circuito, cuando cerró esa temporada con un frustrante 6-2 y 6-0 ante la china Oiang Wang en semifinales.

Sumyk abandonó entonces la pista tras aquella frase, levantando el brazo derecho. Antes, contra la letona Anastasija Sevastova, Garbiñe había dejado claro como se encontraba tenísticamente. "No siento una mierda" le dijo al técnico, cuando intentaba animarla cuando perdía por 4-1 en el primer set.

En una de las bajadas a la pista permitidas por la WTA, Sumyk intentó calmarla. "Siempre estás enfadada. No tiene sentido hablar con alguien que está enfadada", le dijo el técnico. "No estoy enfadada", contestó Muguruza. "Hay una regla aquí, yo no hablo con personas que están enfadadas. Estoy intentando ayudarte", continuó Sumyk. "Vale, pues ayúdame, ¿qué tengo que hacer?", le preguntó Garbiñe. "Qué te jodan", le soltó entonces Sumyk.

Antes, en febrero de 2016, en cuartos de final de Qatar cuando se le escapaba el set definitivo contra la alemana Andrea Petkovic, la conversación con Sumyk revelaba sus disidencias. "Lo estoy intentando, dime algo que no sepa", dijo Garbiñe a los consejos de Sumyk sobre mejorar un servicio que no funcionaba.

"Parece que lo sepas todo", respondió él, que encontró un "por supuesto" como respuesta. "Yo no me voy a morir por la bola, yo no", decía Garbiñe poco antes de que Sumyk advirtiera que el partido estaba siendo retransmitido en España. "Eso lo dices para que se vea en España", añadió.

"Tengo una fe ciega en mi equipo", dijo Garbiñe en Australia este año, cuando perdió contra la checa Karolina Pliskova en octavos, cuando la idea de separarse de Sumyk no pasaba por su mente.

Garbiñe empezó desde los seis años en la escuela de Luis Bruguera en Barcelona, entrenando en su etapa cadete y júnior con el vigués Alberto López. En el 2010, cuando estaba 330 en el ránking, comenzó a entrenar con Alejo Mancisidor, una relación que culminó con la final de Wimbledon en 2015 con Serena Williams.

En una carta el técnico vasco se despidió de Garbiñe, sin una crítica directa, recordándole que sus padres le habían inculcado los valores de la humildad, el respeto y el trabajo, y que las diferencias y esos valores no le permitían creer y seguir en el proyecto.

En esa misiva, Mancisidor señalaba tres palabras clave: "el trabajo, no solo necesario para que el talento pueda alcanzar la cima", sino también para mantenerse en ella; la humildad, imprescindible para la superación, y el respeto, como norma básica de educación y convivencia.

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