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Eliseu y Monreal, dos puñales menos

  • El equipo extraña el fútbol veloz y distinto que aporta el luso y la variante ofensiva que explotaba con el lateral

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Se pueden buscar causas en lo deportivo y lo extrafutbolístico para diagnosticar los vaivenes del actual Málaga. Dentro del análisis redondo, hay dos añoranzas que se han notado en los últimos encuentros. Las de Eliseu y Monreal. La banda izquierda perfecta de Pellegrini, la que ya es imposible de repetir por la marcha del navarro al Arsenal. Antunes ha venido para tapar esa sangría, del luso se sigue esperando su recuperación para volver a dar esa dimensión distinta que sólo él puede aportar por sus peculiares condiciones, inigualables en el resto del plantel.

Ha habido dos victorias y dos derrotas desde que el veloz extremo se tuviera que retirar lesionado en la primera mitad contra el Zaragoza. No se mide en resultados, sino en sensaciones. Coincidiendo también con el regreso de Baptista al once, Isco y Joaquín han regresado a las bandas. Como falsos interiores, ya que de sobras es conocida su tendencia a ir hacia el centro. Se ha perdido esa capacidad de despliegue por el carril y que se echó en falta tanto en Oporto como en Sevilla para encontrar desahogo en las carreras de Eliseu.

El portugués intentará sumarse al trabajo con el grupo esta misma semana pensando reaparecer contra el Atlético de Madrid el domingo e ir ganando continuidad de cara a la vuelta de Champions. Con él el equipo gana en amplitud y Joaquín e Isco no tienen que hacer tantos kilómetros para acumular fatiga en las piernas y perder frescura cuando se les necesita.

A quien no hay modo de recuperar es a Monreal. Precisamente el navarro dio una asistencia de gol a Cazorla en la victoria del Arsenal contra el Aston Villa el pasado sábado. Sus continuos desdobles, bien sincronizados con Eliseu, son algo que siempre se echará de menos, a pesar de que Antunes está cumpliendo de manera aseada en el equipo blanquiazul desde que llegó. Sin embargo, el navarro se había convertido en una pieza clave en el engranaje de Pellegrini. Se vuelve a comprobar ahora, como ocurrió cuando una molesta lumbalgia le dejó sin competir durante unos dos meses. Ello obliga a una mutación ofensiva hasta que Antunes se vaya acoplando y soltándose para desplegarse más en ataque, una función que también le gusta mucho.

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