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Grietas en el edificio

  • Preocupación El Unicaja sucumbe con estrépito (89-71) en el Bilbao Arena e incide en las señales preocupantes que ya emitió en Madrid el pasado jueves

El edificio que construía Aíto desde el verano tenía buena apariencia, pero el temporal de lesiones ha demostrado que los cimientos aún no eran lo suficientemente sólidos para competir contra la adversidad. Con una elevada aportación coral se consiguió derrotar al Caja Laboral o salvar un delicado clásico ante el Cajasol. Pero la visita a un Madrid en versión mediocre y a un Bilbao hipermotivado y con buenas perspectivas han desnudado que el edificio tiene grietas, algunas de difícil solución. Los problemas físicos explican una parte del problema, cada cual le da un porcentaje más o menos elevado, pero defectos estructurales no se remedian así como así.

Perdió el Unicaja (89-71) en el coqueto Bilbao Arena, barrio de Miribilla, a las afueras del Botxo. Perdió un partido y un pedazo de credibilidad. El equipo vizcaíno está diseñado para jugar Copa y play off sin excusas, es el mensaje que se envía desde el propio club. O sea, rival de la liga del Unicaja, siendo benévolos. Compitieron los de Aíto durante 15 minutos, menos que en Madrid. En cuanto Aaron Jackson y Chris Warren elevaron las revoluciones del partido, el decorado cambió y el embrague cajista se quemó sin posibilidad de subir una marcha después de su última ventaja (27-28). De nuevo, el aro propio se convirtió en una verbena, no existe autoridad para disuadir a los rivales de que el rebote no es para ellos. Provoca un efecto tranquilizador en el lanzador y un efecto llamada en los otros cuatro porque es factible recuperar la bola. Si la mitad de los tiros errados por el Bilbao volvieron a sus manos es que algo no funciona. Ya sucedió en Madrid. Sin llegar a tales cotas, el conjunto adiestrado por Fotis Katsikaris también tuvo un estimable colchón de seguridad.

En el baloncesto, los distintos segmentos del juego están conectados. Conceder rebotes impide correr y el Unicaja no tiene fluidez en el ataque 5x5, sobre todo ante una defensa agresiva como la bilbaína. No hay canastas fáciles y, aun sin correr, se conceden 22 pérdidas de balón. Si en cada cuarto se permite una media de 22 puntos se necesita un ataque superlativo para ganar. Así se puede encadenar error tras error.

En el naufragio hay algunas tablas a las que agarrarse, como al orgullo indomable de Jiménez, al que le faltan manos para tapar agujeros. Él fue el que sostuvo al equipo al inicio, junto a una ráfaga de Freeland, a veces desperdiciado en ataque porque no se le alimenta debidamente de balones, a veces preso de su falta de picardía, ingenuidad o despistes defensivos.

Empató el Unicaja (23-23) al inicio del segundo cuarto tras dominio local en el primero e incluso Archibald le concedió una ventaja fugaz (27-28). Espejismo en medio del desierto. El perímetro negro del Bilbao, Jackson-Warren, se sumó al clinic que dio Marko Banic, que bailó a todos sus defensores, los cuatros y los cincos rivales para anotar 21 puntos con sólo dos fallos en el tiro. Y Mumbrú, líder espiritual de este equipo, que amargó tanto a Jiménez como a Tripkovic.

Al descanso había vida (46-38), pero el apagón continuó tras el descanso. Unas gotas de intensidad de Freire y poco más en un tercer cuarto nefasto. McIntyre desprende melancolía en la pista. Su fascitis seguro que le lastra, pero es el mismo jugador que empezó hace un mes en Zaragoza, no conecta mejor con sus compañeros. Sensación parecida la de Augusto Lima o Giorgos Printezis. El todavía brasileño adelantó al griego en la rotación. Ni uno ni otro merecieron más minutos de los que tuvieron.

El Bilbao empezó a poner distancia. Katsikaris quiere recuperar para la causa a Kostas Vasileiadis y machacó el final del tercer cuarto buscando al antiguo jugador del Unicaja para que lanzara con absoluta licencia desde el triple. Acabó anotando dos consecutivos para que la renta rozara ya los 20 puntos (69-50). Partido finiquitado, otra vez demasiado pronto ante un rival contra el que no existe tantísima distancia como mostraba el electrónico del Bilbao Arena.

¿Que se recuperen los lesionados es la clave? ¿Un refuerzo en singular o refuerzos en plural? El Unicaja presenta algunas grietas subsanables, pero el efecto contagio es peligroso. La tourné continúa en El Pireo y acaba en Manresa. En el ecuador del periplo viajero, las señales no son alarmantes, sí preocupantes.

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