Granada-málaga cf

El Málaga es de cristal (3-1)

  • El conjunto blanquiazul acaba de nuevo perdido en el campo preso de su poca calidad y baja intensidad. Pese al error de Angeleri, el conjunto se rehizo, aunque volvió a venirse abajo.

A cada partido que pasa, más en blanco y negro se vuelven las fotos de la Champions. Y más consciente es la gente de que este Málaga ha cambiado el pincel por las pinturas de guerra. Las paradas de Caballero son la única conexión posible con el Málaga de la excelencia y a la vez una bofetada de nostalgia. La diferencia es que antes salvaba puntos, ahora sólo retrasa la derrota y/o la maquilla. "A veces miro desde mi portería y digo: ¡qué equipazo tengo!", confesó en entrevista a este periódico el argentino el año pasado. Ahora es el equipo el que se gira para decir qué porterazo tiene. Y la afición ve más real rezar a San Willy que esperar fútbol en los suyos.

No se puede ahondar en la falta de calidad de la plantilla, por más que en Granada fuera otra vez la causa de la derrota, porque es pegarse cabezazos con las paredes. Este es el Málaga que hay y que habrá, frágil, inconsistente, expuesto a que necesite un día al cien por cien para tener un 80% de opciones de ganar. Cuando un rival que comparte la soga al cuello acaba jugándote como si llevara dos meses de victorias, queda diagnosticado un mal endémico en la plantilla.

Y en su entrenador, que sigue incapaz de estabilizar a los suyos. Schuster quiso volver a la seguridad defensiva relevando a Weligton por Angeleri y acabó desnudando a los suyos. No hace falta que El Arabi haga el primer hattrick de su vida para saber que el peor Weligton es capitán general de este Málaga. Un error parvulario de Angeleri abrió la derrota y, peor aún, acabó manchando también a Sergio Sánchez, que se fue con él por el sumidero y dejaron a Caballero como el mejor defensa del equipo.

Los cambios de humor del equipo realmente inquietan. Agazapado en la primera mitad, sumiso en la reanudación, con un ataque de rebeldía en cuanto se vio abajo en el marcador, falto de maldad cuando tuvo al adversario contra las cuadras. A Schuster se le va el equipo de las manos y no sabe cómo atajarlo. Los bandazos del partido fueron la consecuencia de ello. El Granada se pasó el partido perdonando la vida y se la quitó cuando el Málaga era quien tenía la guadaña entre la manos.

Por habitual, lo de Caballero no pierde un ápice de mérito. Él asume sus paradas como quien hace churros cada mañana o pone un ladrillo tras otro automáticamente mientras media ciudad aún no ha amanecido. Con la diferencia de que lo suyo es arte. Caballero no ha perdido un gramo de concentración ni de motivación en el fútbol, por eso deja paradas espectaculares en cada actuación. Sus reflejos son innatos, su inteligencia es mérito muy elaborado. La mano que sacó a Foulquier para evitar el 1-0 vino precedida de una magnífica lectura del pase que iba a recibir. Eso es lo que no se ve. Para hacer una antología con sus mejores intervenciones apenas habría que seleccionar tres encuentros; visionarlo habría sido mucho más enriquecedor que el primer tiempo. El Granada jugaba a buscar la piñata dando palos al aire, sobre todo El Arabi, que entonces ignoraba el momento de gloria que le esperaba; el Málaga agazapó su ejército para salir a la contra pero faltaron gacelas para acelerar los avances y leones para hacer daño en los remates.

La segunda mitad ofreció unos vaivenes inesperados. La torpeza de Angeleri costó caro, pero también sirvió para activar a un Málaga que tiró de orgullo. Un par de avisos de Darder anticipó lo que traería Juanmi; al fin Schuster reaccionó con un cambio rápido. Lo del coineño fue llegar y topar. Esa es su mayor virtud. Ni se entrena ni se pierde en la inactividad, es su definición.

Con el Málaga en la cresta de la ola, la falta de contundencia para despejar un balón en el corazón del área fue una invitación para que Brahimi alegrara de nuevo a El Arabi. Ya no quedaban ni orgullo ni ideas en ataque. El Arabi, religioso como es, besó por tercera vez el suelo; allí, en el suelo, volvía a estar el Málaga tirado. 

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