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Un perdón de dos minutos

  • Aíto, que descartó a Rubio, volvió a contar con Printezis tres partidos después aunque sólo le concedió 1:54 · Freeland, Archibald y Jiménez sostuvieron el juego interior

La duda quedó resuelta. Jugó Printezis. Pero la maniobra de Aíto fue tal que la situación del ala-pívot griego sigue sin aclararse demasiado. Si se entiende que el entrenador perdonó al jugador por devolverle a una convocatoria y hacerle jugar, no queda tan claro que la confianza entrenador-jugador haya quedado restablecida.

Tras la decisión del club de mantener al griego, hará falta más tiempo para comprobar si el heleno vuelve a disfrutar de un rol importante. Aíto le concedió un par de minutos. 1:54 concretamente. Un perdón a medias. Un gesto que desvela que tiene la puerta abierta pero que deberá trabajárselo a base de bien si quiere gozar de su confianza.

La de Printezis fue una de las curiosas decisiones que Aíto tomó ayer. Comenzaron desde antes del salto inicial. A la elección de Guille Rubio como nominado, se unió una pareja interior prácticamente inédita. Los británicos Freeland y Archibald, los dos teóricos cincos del equipo, fueron los elegidos para hacer frente a la dupla Bourousis-Mavrokefalides. Habían coincidido en la pista algunos minutos en otros encuentros, pero nunca habían sido la pareja de pívots titular.

La primera rotación interior tampoco era demasiado esperada. Augusto Lima, hasta hace poco el último en dicha rotación, suplió a Robert Archibald a falta de 5:27 para el final del primer cuarto. Pero el escocés tardó poco en volver. Lo hizo dos minutos y medio después para dar resuello a Freeland. Y, a falta de 1:54, llegó al fin el momento de Giorgos Printezis.

Cuatro partidos después, volvía a pisar un parqué, a jugar a baloncesto. Pero su paso por la pista fue testimonial. Apenas tuvo tiempo de hacer un par de buenas defensas, una sobre Erceg y otra sobre Bourosis, y de lanzarse el útlimo tiro del primer cuarto, un triple desesperado desde campo propio que anduvo cerca del aro. El segundo cuarto lo comenzó desde el banco. Y allí lo acabó de ver. Jiménez, que hasta entonces no había aparecido por el partido, jugó todo ese periodo formando pareja con Freeland primero y con Lima después. Archibald se lo pasó en el vestuario recibiendo seis puntos de sutura tras un golpe con Papaloukas.

La segunda mitad fue cosa de tres. Desaparecieron Lima y Printezis de la rotación y, con Guille Rubio vestido de calle y Printezis sentenciado, la batalla bajo los aros fue cosa de los británicos y de Carlos Jiménez. Ambos periodos comenzaron con la dupla Archibald-Freeland y en ambos fue el alero madrileño el que salió desde el banco para dar el relevo. Printezis miraba a Aíto cada vez que este se giraba al banquillo, pero el madrileño se mostró impasible. El rostro del heleno, captado en el videomarcador en los instantes finales, era todo un poema.

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