Rincón Fertilidad | Perfil de Diego Carrasco

Adiós al alma máter

  • La muerte del mítico entrenador del Rincón Fertilidad deja huérfano al balonmano femenino malagueño

Diego Carrasco, en la Copa de la Reina de Ciudad Jardín. Diego Carrasco, en la Copa de la Reina de Ciudad Jardín.

Diego Carrasco, en la Copa de la Reina de Ciudad Jardín. / javier albiñana

El balonmano femenino malagueño se ha quedado sin su figura más reconocida, sin su alma máter. Se marcha Diego Carrasco a los 49 años, con más de media vida dedicada al 40x20. Una entrega incondicional que ha tenido influencia más allá de las fronteras de Málaga. El luto hoy se extiende por todo el país, sólo queda comprobar la oleada de condolencias tras hacerse público su fallecimiento. El entrenador malagueño deja con su adiós un legado imborrable, pero también difícil de sostener por la trascendencia de su persona. 

El Rincón Fertilidad es su gran obra maestra. El club que lleva su sello, el que dirigió durante un cuarto de siglo. Junto con Carmen Morales de Setién, la mano fundadora, impulsó al equipo malagueño hasta cotas inimaginables. En esencia, lo puso en el mapa. La renuncia a la División de Honor en 2001 estuvo precedido de una consolidación en la élite más de 10 años después, con la aparición de Manolo Rincón como clave. El Rincón ya se codea con la élite nacional e incluso dio el salto a Europa. Méritos de mucho valor, aunque su figura trascendió más allá. Diego le imprimió al club su carácter ambicioso para destapar su techo cada temporada. Un listón cada vez más alto, pero un carácter inconformista por naturaleza.

Por decirlo de alguna manera, deja una obra incompleta. El técnico malagueño desoyó ofertas más importantes en lo deportivo y económico. Su gran ilusión siempre fue entregarle un título a su ciudad, bañarse en confeti y champán delante de su gente. La que le había visto pelearse contra todo y todos para que el Rincón Fertilidad confirmarse en los despachos su crecimiento deportivo en la pista. De ahí se entienden sus lágrimas en Ciudad Jardín tras la derrota frente al Bera Bera en las semifinales de la Copa de la Reina. Su equipo había jugado dos partidos sobresalientes, pero él veía que una oportunidad histórica se había esfumado. Ganar en casa era el premio a toda una vida de trabajo. 

"Lo mejor de este club está por llegar", era su frase de cabecera cuando se le cuestionaba por los límites del Rincón Fertilidad. Una pasión desenfrenada, casi enfermiza, según los que le conocían y trabajaban con él codo con codo. Diego Carrasco era entrenador, pero también director deportivo, presidente, delegado, utillero e incluso jefe de prensa. Un entusiasmo que no le permitía relajación alguna, menos ahora con su ascenso en su otro gran amor, el balonmano playa. Hace unos meses fue nombrado seleccionador absoluto de España tras hacer la mili en las categorías inferiores. Circunstancia que le mantenía ocupado durante todo el año, que iba en contra de una necesaria desconexión. 

Diego Carrasco era un hombre amable, cercano y respetuoso con el trabajo ajeno. Su ilusión era expandir el balonmano por donde fuese posible, contribuir en la medida de lo posible a su expansión. A lo que dedicaba cuerpo y alma. Ahora el destino ha querido que empuje desde otro lado. 

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