Unicaja-real madrid

El poder de la fe (75-71)

  • El Unicaja culmina tres cuartos muy serios con un último periodo tremendo que le permite ponerse a un paso del 'Top 16'. Blakney, Saúl y Tripkovic se echaron el equipo a cuestas en el desenlace

El Unicaja sigue alimentando su condición de imprevisible. Si hace una semana entregaba en Charleroi un partido valiosísimo que tenía encarrilado en unos nefastos siete minutos finales, ayer fue capaz de sacar a relucir su mejor cara cuando el partido pedía valientes. En la hora de la verdad, en los últimos minutos de un partido que sólo llegó a comandar en con 2-0 inicial, explotó con un cuarto casi perfecto. Intensísimo atrás, acertado en ataque. Fue la recompensa a la fe y la constancia. El Madrid fue el dueño en los tres primeros cuartos, amagó incluso con sentenciar en un par de ocasiones, pero no se esperaba a un Unicaja tan sereno, tan seguro, tan frío.

La fe, que dicen mueve montañas, le valió ayer el equipo de Aíto para mantenerse siempre en el partido y voltear una situación que se teñía de blanco. Más allá del resultado, fue su gran victoria. Mostrarse concentrado y sólido durante cuarenta minutos. Valiosa recompensa que llega acompañada de un paso de gigante hacia el Top 16. Y es que las derrotas ayer de Brose Baskets y Spirou Charleroi le dejan a un sólo triunfo de sellar el pase. Y puede que ni siquiera haga falta.

Todo sucedió sin Giorgos Printezis. Fue el elegido de Aíto García Reneses para incluir a Baptist y tuvo que ver el encuentro de paisano, junto al banco y con la duda de saber si se trataba de su principio del fin en Málaga. En la pista, el protagonismo lo tomaron dos: Joel Freeland por el Unicaja y Sergio Llull por el Real Madrid. Los primeros minutos se convirtieron en un mano a mano entre ambos. Llull anotó 11 de los primeros 13 puntos madridistas y el inglés, la mitad de los tantos cajistas al final del primer cuarto (8) con un nuevo repertorio de recursos ofensivos. Aíto logró reparar la vía de agua abierta por Llull con Berni, que tomó el relevo de un Tripkovic inoperante a la hora de frenara al balear., pero se le abrieron nuevos agujeros.

Messina castigaba cada desventaja local. Si primero tiró de la rapidez de su escolta, después recurrió a la superioridad en centímetros de Velickovic sobre Saúl Blanco y Baptist, que tuvo unos discretos primeros minutos como profesional. Pese a todo, Jiménez y Freeland lograron poner las tablas en un par de ocasiones (15-15 y 24-24). Apareció el mejor Archibald para pelearse con los gigantes blancos y aliarse con Freeland. Brega y puntos para mantener a un Unicaja fallón que echabas en falta el tiro exterior (2/11 al descanso) y que veía cómo el Madrid, liderado ahora por Prigioni y Mirotic, alcanzaba su máxima renta antes del descanso (31-39).

Messina dio la orden de elevar la intensidad tras el paso por vestuarios. No quería un final igualado y los suyos cerraron líneas de pase e imprimieron una velocidad más. A punto estuvieron los blancos de romper el partido (41-51), pero lo evitaron Blakney y Blanco. Entre ambos cocinaron toda la producción ofensiva malagueña del tercer cuarto a excepción de un tiro libre de Freeland y una última canasta de Archibald. Una dupla letal a la que se unió la muñeca asesina de Uros Tripkovic, desaparecido hasta entonces. Tres triples del serbio encendieron la mecha y el Madrid, que por primer vez se veía superado, comenzó a dudar.

Faltaba la puntilla y ahí emergió el capitán para anotar un triple asesino, curiosamente su única canasta en el encuentro (73-71). Con 8 segundos por disputar, el balón era para el Madrid. Lo cogió Llull para lanzarse a la canasta cajista, pero la defensa de Saúl y los brazos de Freeland evitaron la prórroga. El poder de la fe obró el milagro.

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