Ana Albiol | Maquilladora y 'youtuber' "Debería existir la Policía en Instagram"

Ana Albiol.

Ana Albiol. / Juan Carlos Vázquez

Los tutoriales sobre maquillaje de Ana Albiol fueron el punto de partida para que esta valenciana tenga más de 93.000 seguidores en las redes sociales. Desde hace un par de años está centrada en otros proyectos y uno de ellos es su salto al mundo editorial con V.I.D.A. de un culo inquieto (Espasa). Con un espíritu inconformista y trabajador desde muy pequeña, en su libro reflexiona sobre asuntos tan poliédricos como la libertad o la soltería. Reconoce que en la vida "hay que probar todo" y tener "mucha constancia y perseverancia" para conseguir las metas fijadas.

–Se define como culo inquieto. ¿Eso es bueno?

–Es lo que es, no sé si bueno o malo. Para mí es bueno. Esto me viene desde la incubadora.

–¿Qué le ha dado estar en medio mundo, viajar?

–Más que viajar, he vivido en varios sitios y me ha dado amplitud de miras y posibilidades. Cuando ves a gente y vives en lugares donde las cosas se hacen de forma diferente a lo que tú estás acostumbrada, cuando la gente piensa diferente y, además, estás sola enfrentándote a todo, se abre un mundo de posibilidades.

–¿Qué le motivó escribir V.I.D.A.?

–Siempre he querido escribir. Desde los 12 ó 13 años me encantaban las redacciones, me escribía cartas y hablaba en público desde muy pequeñita. Pero entré en el mundo del maquillaje. La vida me llevó ahí y no ha sido hasta hace dos años cuando solté las brochas, el maquillaje, y me puse atención plena a este proyecto.

–Cuenta que una de sus principales frustraciones fue no poder estudiar Comunicación, pero resulta que comunica muy bien.

–Quería estudiar Comunicación porque ése es el talento natural en mí. A todos nos gusta hacer algo, y cuando nos gusta desde pequeños, es por ahí por donde va el talento el disfrute. Quería estudiar en ese ámbito para poder materializar ese disfrute lo profesional. No pudo ser, pero resulta que abrí el blog y la gente lo acogió muy bien.

–¿Ha perdonado a su padre por no animarla a estudiar Comunicación?

–¿Perdonar? Sí. Pero bueno, tuvo que morir para que le perdonara.

–Es un poco duro.

–Sí, hay veces que pasa esto. Crees que va a durar hasta los 80 y dices: "Ya lo perdonaré". Ya estaba trabajando en perdonarlo, pero pasó el tiempo muy rápido.

–¿Cómo se lleva eso de tener más de 90.000 seguidores en redes?

–Ya se me ha ido. Al principio, cuando eran unos 5.000, decía: “¡Madre mía!”. Luego fueron 10.000 y ahora ya es un número. A mí lo que realmente me importa de esto es ver el cariño de la gente que sigue estando ahí después de hace tantos años.

"La belleza es para mí la armonía. La belleza importa, por mucho que queramos ir de modernos"

–¿Qué tiene que agradecerle al maquillaje, a esos tutoriales?

–Absolutamente todo. Fue una máscara cuando mi inseguridad no me dejaba salir a la calle prácticamente. Y luego fue mi gran conexión con las personas. He descubierto al ser humano, cómo funcionamos y cómo sentimos, a través del maquillaje. Consigo conectar tanto con las personas porque he trabajado mucho con ellas durante 15 años. Además, en una distancia muy corta, tocando, piel con piel, la cara. El maquillaje me ha dado la conexión con el ser humano, es lo más bonito que tengo ahora mismo.

–¿Un buen aspecto abre puertas?

–Sí, por mucho que digamos... La belleza para mí es la armonía. No hablo de los cánones establecidos. Pero sí, a los seres humanos nos gusta ver un aspecto armonioso y cuidado. La belleza importa, por mucho que queramos ir de modernos.

–¿Un mal maquillaje puede llegar a truncar una oportunidad?

–Totalmente. De hecho, todo mi curso y toda mi filosofía del maquillaje se basaba en potenciar la belleza natural y que el maquillaje fuera muy imperceptible.

–Volviendo a su libro. ¿Qué es la libertad?

–Ufff. Al principio era no tener jefe, luego no tener horarios, luego no tener techo económico y ahora, para mí, es poder detener lo de fuera y mirar hacia dentro, hacerme mis propias preguntas y encontrar mis propias respuestas. Ser coherente, sobre todo.

–¿Se puede ser feliz sin considerarse libre?

–Personalmente, no. Si me quitaran la libertad, preferiría morirme.

–¿A usted las redes sociales le han cambiado un poco la vida?

–Todo.

–¿Para bien?

–Afortunadamente.

–A pesar de los haters (odiadores). ¿Qué importancia les da?

–Les daba mucha importancia. Han sido una parte complicada del proceso porque todo el mundo quiere aceptación y buscamos la valoración. Que haya gente que desde el anonimato te lance juicios y cositas, duele. No voy a ocultarlo. Si quieres lo bueno de las redes sociales, tengo que aceptar lo malo. Pero pongo límites y a partir de ahí fue cuando esto cambió. Cuando eres feliz haciendo lo que haces, la crítica te importa mucho menos. Es la gran clave de las redes.

–Criticar desde el anonimato es fácil.

–Sí. El civismo que hemos conseguido en la calle tiene que pasar a las redes sociales. Debería existir la Policía en Instagram.

–¿Me debo preocupar si mi hija me dice que quiere ser youtuber, instagramer o influencer?

–Lo que tiene que hacer es acompañarla y que vea qué valores hay ahí como ser humano para ponerlos al servicio de la sociedad a través de las redes sociales. Así es como se puede cambiar el mundo, pero hay que trabajar en los valores.

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