Pablo Carbonell | Actor, cantante y humorista "Estamos todos muy gilipollas con lo políticamente correcto"

"Estamos todos muy gilipollas con lo políticamente correcto" "Estamos todos muy gilipollas con lo políticamente correcto"

"Estamos todos muy gilipollas con lo políticamente correcto" / josé ángel garcía

Escribió su autobiografía en 2017 y ahora debuta en la novela con Pepita (Destino). Pablo Carbonell (Cádiz, 1962) es un culo inquieto que trata de pasar inadvertido -sin éxito- emboscado bajo un sombrero. Defiende el humor y el debate, la confrontación, la discrepancia, y teme que la sociedad vaya hacia atrás en derechos como la libertad de expresión. "Hoy son intocables los sentimientos religiosos, las banderas y los símbolos nacionales". Eso sí, sigue disfrutando incluso de las entrevistas en plena promoción: "¿Me pone otra cervecita?".

-¿Por qué se pone sesudo y escribe su primera novela con 56 años?

-¿Sesudo? Hace falta mucho valor para escribir una novela porque ya están escritas todas. Hoy hacen falta libros de Historia para no seguir haciendo el idiota. O ensayos para huir de la neurosis. O más información sobre educación sexual.

"Mi padre era del Opus Dei pero muy respetuoso y abierto a la concordia; Vox genera discordia"

-La protagonista de Pepita (Destino) es una mujer que se rebela contra el futuro planeado por su padre. ¿Es un guiño feminista?

-Acabé la novela hace dos meses y le cambié el final para decir "ella merece algo mejor".

-En un pueblo en horas bajas, valga la redundancia, el padre y su hijo propagan el bulo de una supuesta fiebre del oro. Las fake news no faltan en la España rural.

-En cualquier sitio tenemos un déficit de verdad muy gordo. El nivel de mentira es tan grande que la gente cree una cosa y la contraria y le da igual. Hemos llegado a la ambigüedad de conciencia, un término que acabo de acuñar.

-¿Qué le inspira de la literatura de Benítez Reyes?

-Su lírica es el gran descubrimiento literario de mis últimos años: su capacidad para hallar asociaciones de palabras, la descripción de los personajes, la recuperación de vocablos... En mi libro he pescado dos de él: cambembo, pero para asociarlo a que te lías con una prima sin saberlo y tu hijo te sale cambembo, y califal, la persona en cuya sonrisa brilla el colmillo de la codicia.

-¿Qué lee alguien travieso y polifacético como usted?

-A Stefan Zweig. Alfonso Guerra recomienda El mundo de ayer, lo he leído dos veces. Estoy con La curación por el espíritu, cuando la religión pierde su dimensión terapéutica para curar enfermedades necesitamos formas de invocar el efecto placebo, gilipolleces como la cienciología, el mesmerismo o el genio de Freud.

-El primer disco de Los Toreros Muertos se tituló Treinta años de éxitos. Vaya desahogo, ¿no?

-Sí, era una reflexión iconoclasta contra los sentidos de las canciones. Había un pasodoble (Los toreros muertos), un tema medio kale borroka (Bum Bum), un twist (Twist'as loca)... Todos los géneros llevados a lo grotesco por una intención iconoclasta que no sé de dónde me salió. Bueno, lo sé pero no lo voy a decir.

-¿No sería hoy más políticamente incorrecto llamarse Los Toreros Respetados?

-Estoy por invitar a Jesulín de Ubrique a que se venga de gira porque yo fui de los que me compré su disco.

-¿Ha trabado amistad con algún diestro?

-Sí, uno se presentó a un cumpleaños mío: Talavante. Me llamó la atención que siendo tan joven tuviera un aire trágico que me recordó a un personaje de Moby Dick. Él es el capitán Ahab.

-¿No es triste que en los 80 grabara el tema Falangista que hoy, quizás, sería imposible de cantar?

-Con lo políticamente correcto estamos todos muy gilipollas; la piel fina provoca un oscurantismo y un mejor me quedo callado que se está cargando la libertad de expresión que costó un huevo conseguir. Ten tu opinión y deja la mía en paz. El humor no es reírse de las cosas, sino un análisis tan válido como el más sesudo. O fúnebre.

-¿Le da reparo algo?

-Yo me he cortado poco, la verdad. De lo mejorcito que he hecho en mi vida es intentar que el mundo sea más libre y lo hago por el método más directo: siendo libre yo.

-¿Existe un humor andaluz que lo une a Chiquito?

-Soy uno de los andaluces más sosos del mundo. A Chiquito lo adoro. Es un renovador del lenguaje.

-El 25 de marzo se cumplieron cuatro años de la muerte de Pedro Reyes. ¿Era más gracioso Pedro o Pablo?

-Tuve la suerte y el drama de estar con el hombre más gracioso del mundo. Yo hacía una gracia y silencio en la sala; Pedro levantaba una ceja y carcajada general. Servir a sus chistes, incluso siendo contra mí, era mi papel. Pedro Reyes nunca fue tan gracioso como cuando trabajaba conmigo, igual que Lennon y McCartney nunca hicieron mejores canciones que cuando trabajaban juntos. El conflicto es una parte muy importante de una conversación, de una entrevista o de un juego de payasos.

-Si a Dani Mateo algunos lo encarcelarían por sonarse con la bandera, ¿qué les harían a los corrosivos Ricky Gervais o Louis C. K.?

-Yo, nada. Muchas veces me digo si me llama un tribunal, que se preparen.

-Igual la culpa no es del tribunal, sino de las leyes que aprueban los políticos...

-Pero qué ley dictamina qué música puedes escuchar. Hombre, hay un límite, la ofensa personal o la injuria, pero si lo que hacemos es fantasear sobre un escenario. Bueno, tampoco puede uno subirse a un escenario para injuriar.

-Dio el pregón del Carnaval de Cádiz en 2016 y no acabó satisfecho, ¿por qué?

-No fue mi noche, estaba muy enfermo y es una herida que aún no he cerrado.

-Creció en Cádiz en una familia acomodada, que diría Tip, pero no da el perfil de votante de Vox...

-Mi padre era abogado, del Opus Dei, pero muy respetuoso. Y siempre fue una persona muy abierta a la concordia y Vox tiene ideas para generar discordia.

-¿Está mejor Barbate que hace 15 años cuando dirigió Atún y chocolate?

-Tiene una playa muy familiar y muy segura.

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